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jueves, 17 de septiembre de 2009

Como siempre, argentinos contra viento y marea

Algún día, los argentinos finalmente tendremos que aprender algo: a tener continuidad y cumplir lo que se promete. No puede ser que siempre estemos empezando? ¿Un ejemplo?
En 2006, se dio a conocer a conocer la noticia de que el país compraría un millón de laptops a cien dólares cada una. Seríamos uno de los siete países en los que debutaría el programa «una computadora por chico». Los otros serían Brasil, Nigeria y Egipto, China, India y Tailandia.
"El objetivo central es reducir la brecha digital -afirmaron las autoridades de entonces-. Comenzaremos por las escuelas más modestas, donde los chicos no tienen acceso a la tecnología. Nuestra preocupación fundamental es mejorar la calidad de la educación. Hoy mismo empiezan a trabajar comisiones de profesionales y técnicos en distintas áreas, para ver la factibilidad de su introducción y evaluar su impacto."
Durante todo ese año, grupos de especialistas analizarían los detalles indispensables para poner en marcha la iniciativa, que -según Nicholas Negroponte, creador de la idea-, estaría basada en tres principios básicos: que fuera global, sin fines de lucro y que las computadoras llegaran a formar parte de la vida de los chicos ("como lápices").
Además, se anticiparon innumerables detalles. Las máquinas serían muy robustas, resistentes a los golpes y a la lluvia. La pantalla se podría leer al sol y funcionarían con electricidad generada por los mismos chicos con manivelas, pedales o sistemas de poleas...
Y se adelantó que había un grupo de personas que estaban desarrollando los programas ("Incluso en la Argentina", dijo Negroponte). Los encargados del proyecto local aseguraron que estaban "muy entusiasmados" por "la enorme importancia que tiene la educación no sólo para el desarrollo humano, sino también económico"...
Algunos meses más tarde, ese mismo año, Uruguay también anunció que para 2009 cada chico tendría su computadora. Sólo que en este caso, contra todos los pronósticos, acaba de convertirse en el primer país del mundo que está a punto de transformar esa utopía en realidad. Como escribió Laura Casanovas en una reciente edición de LA NACION, de los 2360 colegios primarios estatales que existen en territorio uruguayo, sólo a 33 les faltaba recibir su cargamento de laptops con acceso a Internet inalámbrica. ¡Ya se entregaron 369.000, y 18.000 para los maestros!
En la Argentina, ahora decimos que desde abril próximo distribuiremos las benditas computadoras, pero sólo a 231.000 alumnos y a 25.000 docentes de las secundarias técnicas... Aunque la cifra no esté a la altura de las expectativas iniciales, ¿seremos capaces, de una vez por todas, de hacer lo que en momentos de euforia decimos que vamos a hacer?
Nora Bär
FUENTE: Diario La Nación - Jueves 17/09/2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

Los desafíos de entrenadores y profesores de tenis

¿Con qué lógica se construye una Escuela de Tenis?

¿Dónde encontrar la energía
para influir en una cultura
en crisis, cuando la crisis
consiste en la imposibilidad
de influir en la cultura?
Jonathan Franzen


En este espacio que compartiremos, el primer concepto que me gustaría charlar con ustedes puede sonar desconcertante:


Pensar no tranquiliza ni hace feliz:


Dado que en las sociedades actuales, el camino del pensar se ha transformado en relativamente intransitable, el no renunciar hacerlo y más en forma crítica, no se produce sin consecuencias. Por eso, es muy posible que al final de este encuentro, ustedes se vayan intranquilos y con unos cuantos interrogantes que no tenían al llegar.
El segundo concepto de este comienzo nos lleva a preguntarnos...

¿Desde dónde reflexiono?


Eso es anterior a reflexionar. Nosotros reflexionamos desde la Argentina. Que no es cualquier lugar. Nuestros hechos no son los hechos inconmovibles de la historia occidental. Por eso la pasión por el fútbol que nos empuja- como dice Fernando Iglesias- “a ser más hinchas que ciudadanos”, al apego por los caudillos que no terminan de desaparecer, la devoción por los artistas y la fascinación por los ídolos, tipo Maradona.
Reflexionamos desde un país rico empobrecido. Un país tan atípico como para poder mostrar el espantoso y único privilegio de haber pasado del desarrollo al subdesarrollo, con casi el 40 % de los argentinos por debajo de la línea de la pobreza. Un país que se ha caracterizado por haber tenido:
· Lideres populistas y carismáticos que consideraron al Estado como una posesión personal.
· Instituciones débiles
· Una sociedad olvidadiza y complaciente.
· Una corrupción endémica y casi totalmente impune
Una vez ubicados en un estar en el mundo, que, básicamente, consiste en asumir dónde uno está parado, vale la pena recordar la importancia de saberse arraigado a la tierra de uno y a su comunidad; dado que esa es la forma primera de sabiduría de un pueblo. Hace mucho tiempo atrás, Belgrano, probablemente uno de nuestros próceres menos controvertido, dijo: “Muchos dirán de nosotros, los hombres de Mayo, que por mirar el cielo tropezamos con las piedras y puede ser cierto. Dos cosas, sin embargo, teníamos claras: nuestras raíces se nutren en suelo americano y no se puede construir desde las dificultades sino desde los sueños”.
Lo siguiente es preguntarse sobre el ser. Ser tiene que ver con ser alguien. Para serlo, hoy es preciso debatirse con las fuerzas del mercado y apelar a la capacidad personal para el enfrentamiento. Hace falta preguntarse...

¿ Quién soy? ¿ Qué soy?¿ Hacia adónde voy?¿ Cómo concibo mi relación con los otros?¿ De qué manera estoy dispuesto a relacionarme con ellos?

Vienen bien estas preguntas porque una de las fuentes del malestar contemporáneo se halla en que el hombre ha preferido relacionarse con sus semejantes a través de relaciones de poder y sumisión. Lo malo es que el equilibrio emocional sólo se alcanza privilegiando el reconocimiento mutuo.

Concepto clave: Vale la pena reflexionar acerca del mundo y de nuestra propia vida en un intento de que los demás y también nosotros mismos, vivamos mejor.

Un ejemplo de nuestro tenis puede ser útil para ilustrar esta idea. Acaba de salir una revista para hombres llamada “Brando”. Ella, aparte de dedicarle la portada a David Nalbandian, le hace una larga entrevista en la que el tenista declara: “Dicen que tengo mal carácter. Lo que sucede es que yo siempre hice la mía”.
Sin duda una declaración nada sorprendente. Pero habría que tener en cuenta que el hombre es solo en un aspecto lo que ha hecho. Mucho más, es lo que ha sido capaz de construir con otros, dado que es en el otro y con el otro que logra llenar de sentido sus acciones. Claro que siempre nos ha costado mucho aprender esta lección del valor del reconocimiento mutuo. Gallup acaba de publicar los resultados de una encuesta en la que preguntan a los mismos argentinos que pensamos de nosotros. ¿Las conclusiones?
· Somos individualistas
· Nos gustan las soluciones fáciles del tipo “lo atamos con alambre”.
· Vivimos cómodos en el reino de la falta de normas y el poco respeto por la palabra dada. Nos preocupa la ley que nos protege de los otros. Pero ignoramos la que protege a los otros de nosotros.
· Estamos razonablemente dotados para los proyectos serios, pero no mostramos especial dedicación a ellos, salvo en ámbitos reducidos de intelectuales, académicos y científicos que no gozan, precisamente, de reconocimiento. De manera que parece que pecamos de “talentistas”.

Es claro que si creemos en el valor social del juego, del deporte, de las actividades de aventura en la naturaleza aparece como inmensa y apasionante la tarea que tenemos por delante. ¿Qué otro campo puede ostentar los méritos de las actividades corporales como medio de cooperación, vínculo, e integración entre las personas? Definitivamente la Educación Física debería abandonar lastres de algunos de sus discursos fundacionales y asumir que la mejor técnica que puede enseñar, se basa en el aprendizaje del valor de las reglas y las normas, en el marco del respeto al otro.
Todo lo cual significa aceptar que el ser humano, ante todo, es un ser social. Y esta concepción no implica abandonar la transmisión de aquellos saberes del cuerpo, que nos ha identificado, que nos otorga singularidad. Pero que se justifican solamente en el marco de una normatividad ética. Tema sobre el que volveremos enseguida.
Por eso el valor del juego limpio, aunque parezca una enseñanza de la época de Coubertin, digna de dinosaurios y no de pragmáticos posmodernos. Por eso no hay que festejar “la mano de Dios” de Maradona y sí maravillarnos de lo que fue capaz de realizar el ciclista norteamericano Lance Armstrong hace dos años atrás, en la Vuelta de Francia: en la anteúltima etapa, su lucha con un ciclista alemán era rueda a rueda. El que ganaba esa etapa tenía grandes posibilidades de ganar la carrera. La bicicleta del alemán mordió la banquina, perdió la estabilidad y se desbarrancó por la ladera. Armstrong ni dudó: paró, se bajó de la bicicleta y corrió a ayudar a su rival. Esperó que se recuperase y solamente después reinició su marcha. Luego, ganó la etapa, la carrera y dejó una imborrable lección a todos aquellos que consideran que esos gestos no pertenecen al deporte de alta competencia.
A esta altura de la charla es probable que estén ustedes pensando dos cosas. La primera que estamos alejándonos de aquel conocimiento que puede requerir un preparador físico de tenis, para internarnos en zonas filosóficas, lo que es cierto. Lo segundo es que estas apreciaciones son dignas de idealistas ingenuos, dado que rozan la utopía. Lo que también puede ser cierto, excepto que le demos a la palabra utopía un significado diferente al habitual.
Vamos por partes:

Filosofar es preguntarse básicamente por todo. Por eso ¿qué es? se considera el interrogante inicial. Filosofar no es aburrido. Los filósofos, en cambio, a menudo lo son, de acuerdo a las opiniones que ellos mismos suelen expresar. Así lo cree, por ejemplo, Fernando Savater, un filósofo español muy conocido en la Argentina. Si uno se pregunta para qué “sirve” la filosofía, podría simplificarse la respuesta de la siguiente manera:
1. Sirve para ayudar a que uno se plantee los interrogantes esenciales, del tipo de los que hicimos al principio.
2. Para tener elementos que ayuden a comprender esa realidad fracturada y deshecha que caracteriza a las sociedades actuales.
3. Para evitar los riesgos de caer en el pensamiento fácil o, lo que es aun peor, que nos manipulen la forma de pensar. En este sentido, es útil recordar que el abandono de la especulación teórica es tan peligroso como privilegiar lo meramente técnico.
4. Para fundamentar y dar rigor a los conceptos que utilizamos. De manera de no manejarnos con el criterio de que “si mi práctica no coincide con mi teoría que se jorobe mi práctica”. Y aparece la incoherencia.

En cuanto a la utopía, comúnmente se supone que es el espacio de lo irrealizable. En cambio, habría que considerarla como aquello que todavía no se alcanzó. Criterio esperanzador imprescindible al enseñar. No puede uno dedicarse a la enseñanza creyendo fervientemente en que “todo irá peor”. Nunca hay que subestimar la fuerza de cambio que tiene un grupo humano decidido a hacer las cosas bien. Hoy resulta difícil pensar que está en nuestras manos producir modificaciones globales. El cambio, más bien aparece ligado a temas específicos. Eso puede lograrse.
A lo que hay que temerle es a aquellos convencidos de que representan el cambio, la renovación o la nueva política y seguros de que tienen la receta de “hombre nuevo”, que ellos mismos definen.

Concepto clave: Se requiere más coraje para conservar la esperanza que para hundirse en la tristeza. Existe una ética en la esperanza de padres y maestros en lograr sensibilizar para el conocimiento y la apreciación de lo bello y valioso. La contrapartida de esta aspiración es dejar de guiar a los niños y jóvenes y permitir que domine la ignorancia y el consumo desenfrenado.



¿Por qué el nombre elegido para el encuentro?

Porque el deporte está produciendo valores y mercancías propias. Y la lógica de la mercancía es la lógica de un producto que se piensa para ser consumido. Inclusive, que suele nacer obsoleto, tal como muestra la tecnología de los teléfonos celulares, por ejemplo. Cuando salen al mercado, ya son viejos.
Esta lógica del mercado, que a todo le pone precio pero a nada le otorga valor, que piensa en consumidores ávidos de novedades cuyos deseos hace falta aumentar, produce frecuentemente un proceso de aculturación que homogeiniza la sociedad hacia un modelo global y desconcierta al docente formado en otra lógica: la de la enseñanza. Tal desconcierto justifica que, en un encuentro de aprendizaje como este, nos dediquemos a interrogarnos si no ha llegado el momento de concebirnos en serio como pensadores de la cultura. Como críticos pensadores de la misma, es decir más incisivos en el análisis y con capacidad de observar la realidad con mayor sospecha.
Porque muchas veces, hasta la misma cultura, marcha en dirección contraria a la de ese verdadero intento civilizatorio que es la educación.

Concepto clave: Para muchos filósofos y pensadores, nuestra cultura está hoy dominada por una racionalidad sin razón.

¿Puede hacerse coincidir la lógica del mercado con la lógica pedagógica?

Mi impresión es que no; que no se puede. Que son lógicas contradictorias en demasiados casos. Desde luego que aquel profesional que se dedique a ofrecer un servicio, tiene que conocer las leyes del mercado. Pero debería tener en claro que la enseñanza no debería ser concebida como una estrategia que sirve para vender y vendernos.
Si nos contratan para preparar físicamente a un tenista y hacemos nuestro trabajo bien, no hay nada que decir al respecto. Sin embargo, me gustaría reflexionar sobre esa especie de plusvalor que debería agregar a su tarea todo “enseñante”, todo maestro. Ese plusvalor agregado consiste en que su producto no sólo tiene que ver con la mejoría de las capacidades condicionales y coordinativas: tiene que ver con que también traslada una concepción del mundo, del sentido, de los valores, del conocimiento, de las relaciones con los otros y consigo mismo.
Un artesano fabrica, pone un precio y vende el producto de sus manos que lleva impreso en forma indeleble su sello personal. Cuando el mercado lo tienta o lo derrota y comienza a trabajar en serie para otros, pierde su sello de distinción. Artesanía y distinción tampoco deberían perderse al enseñar. Por esto opino que son lógicas distintas. Cuando intentamos mezclarlas somos derrotados por el mercado.

¿Qué valor tiene enseñar? ¿Se justifica que nos dediquemos a ello?

La enseñanza es una praxis. La definición clásica de praxis designa una forma de vida humana dedicada a la búsqueda del bien. Tal criterio ubica a la enseñanza. Ella no es mera teoría ni sólo acción. El que enseña, lo sepa o no, demuestra una fuerte decisión personal, basada en juicios previos que ha realizado, de dedicarse a una búsqueda que considera válida: la de ayudar a alcanzar una vida plena, acorde con los potenciales de cada individuo.

Concepto clave: Si vislumbra que esa búsqueda es estéril, en principio- o por principios- debería dedicarse a otra cosa.

Cada maestro del cuerpo, cada entrenador, tiene por delante, precisamente, esa
gran tarea: facilitar razones de existencia, enseñar que pese a que muchos exhiben un excelente discurso acerca del arte de vivir, sólo viven una “vidita”.
Facilitar razones de existencia puede sonar abstracto. Por eso, digamos que significa celebrar los valores que definen lo mejor del espíritu humano: el lenguaje, la imaginación, la libertad, el afán de justicia, la búsqueda de una sociedad más justa. E insisto en que todo eso debe atravesar los espacios destinados a enseñar o entrenar en deportes. Pero hay que hacerlo al mismo tiempo que se entrena y se enseña y aprovechando los mil ejemplos que nos ofrecen las mismas prácticas.
Por eso decía antes que la enseñanza de los saberes del cuerpo, como cualquier otra forma de enseñanza, sólo se justifican en el marco de una normatividad ética. Se aleja así el fantasma de que como los alumnos/ jugadores pagan por el servicio que les ofrecemos, pueden exigir e inclusive hacer lo que se les da la gana. Actitud que conocen muy bien aquellos que se dedican a los entrenamientos personalizados. Esa normatividad ética- que obliga a ambas partes- debe consensuarse desde el comienzo mismo de la relación pedagógica. El preparador físico de tenis colabora en un aspecto del entrenamiento. Pero no debería tener dudas de que hay una enseñanza en lo que hace, dados los contenidos que trasmite. No hay enseñanza sin contenidos. Eso convierte al entrenador/ maestro en un “vehículo” del saber, en un intermediario y eso lo legitima e instituye, sencillamente porque presta su palabra al conocimiento. Por eso tiene el derecho de ser atendido y considerado por sus alumnos/jugadores.
Analizado el tema de esta forma, no se justifica suponer que un profesor de Educación Física o cualquier otro docente, que se desempeña en distintos ámbitos profesionales, debe “cambiarse la camiseta”, según trabaje en una escuela, en un club, en un centro de tenis o en un gimnasio. Ni tampoco que diferencie entre alumnos, clientes y jugadores. El ser docente es el que facilita- en cualquier lugar de desempeño- abrirse a la conciencia gozosa del saber. Al comunicar lo que sabe, pone a disposición lo que él es y al unísono se nutre de sus alumnos.
Enseñar no es la mera transferencia de conocimientos, sino crear las posibilidades para su producción o construcción. Llevada a cabo de esa manera, la libertad individual es estimulada a desplegarse, por eso el valor ético-político que contiene. Pero el límite claro de esa libertad individual es el compromiso con lo social y lo público. Educar es ayudar a encontrarse a uno mismo, en relación con los otros, en un encuentro que compromete lo racional y lo emocional de cada uno. Pero siempre dentro del bien, del derecho y de la ley.

Concepto clave: Una válida aproximación al concepto de la ética es concebirla como la práctica reflexiva de la libertad.

Sin duda que ética no es el ajuste a una pauta moral externa. Es mucho más que eso: es actuar en función de que no todo da lo mismo. Es elegir un comportamiento aun cuando parezca que hoy la ética es estética; aun cuando parezca que es preferible parecer que ser.
Profundizando aun más puede decirse que la ética, en tiempos de remontar las penas, como los actuales se define no por el dolor del yo ante el otro, sino por la hospitalidad que le damos al otro en el yo. Se requieren acciones concretas, un pie a tierra solidario que no todos lo seres humanos- ni siquiera los que trabajan de maestros- están en condiciones de brindar.
De manera que parece inevitable admitir que quien se dedique a la enseñanza requiere dosis estimables de afecto por lo humano, de amor a los hombres.

El efecto de esas diferentes lógicas sobre nosotros y nuestras prácticas

Tengo la hipótesis de que la percepción de esas diferentes lógicas aumenta la incertidumbre. No es sencillo pensar en nuevas formas de intervención, en los distintos ámbitos en que nos desempeñamos los profesores de Educación Física. No es sencillo pero es imprescindible. Sobre todo teniendo en cuenta que la lógica pedagógica parece batirse en retirada ante el triunfo de la lógica del mercado. Y que la inocencia y el entusiasmo de niños y jóvenes parecen destituidos por sus apetencias de consumo.
Al pertenecer la incertidumbre al estatuto de la realidad, debemos acostumbrarnos a vivir con ella, a habitar un mundo con pocas certezas, en el cual se hace necesario elegir permanentemente. Lo malo- o si prefieren lo apasionante e inédito- es que tal aprendizaje no es nada sencillo.

PUNTO CLAVE: La función de las actividades corporales, con el deporte entre ellas, no consiste tanto en generar individuos seguros, sino preparados para la incertidumbre de vivir eligiendo y capaces de analizar sus posibilidades y límites lo más objetivamente posible.

Todos los que nos dedicamos a la enseñanza, sobre todo en determinados ámbitos, nos enfrentamos a la incertidumbre cotidianamente. La vislumbramos, por ejemplo, en la angustiante sensación de no saber si nuestras competencias son suficientes para satisfacer las demandas sociales que cambian y aumentan permanentemente.

Para cerrar, les propongo algunos ejemplos procedentes de distintas realidades de nuestras prácticas, en las que se advierte la necesidad de ampliar y profundizar la mirada, lo imprescindible de comprender que todo aquel que se dedique a la enseñanza de algún aspecto de una cultura de lo corporal, tiene que convertirse- tal como decía antes- en un pensador de ella.
Teniendo presente que un innovador no es sólo el que percibe lo que nadie ve, sino también aquel que observa de otra manera, lo que todos tienen delante de los ojos.

1. Para aquellos que se desempeñan en una organización orientada a la satisfacción de las necesidades de los alumnos/clientes.

Todo servicio que es considerado hoy muy bueno, mañana será sólo aceptable. La demanda por más y mejores servicios es constante. Se debe comprender que:

· El mercado de las actividades físicas se ha expandido muchísimo y los consumidores pueden elegir entre múltiples posibilidades. No es nada sencillo fidelizarlos.
· Muchas personas tienen un poder adquisitivo bajo pero demandan un servicio cinco estrellas. Esto sucede porque la esencia del consumo pasa por aspirar a productos por arriba de los niveles sociales y económicos a que se pertenece. Consumir es tratar de parecerse al que está un escalón más arriba.
· Un consumidor típico quiere “divertirse hasta morir” y está abierto a cualquier novedad. El problema es que, para muchos de nosotros, la enseñanza no pasa por proponer entretenimientos para que las personas puedan soportar lo insoportable.
· Resulta fundamental hacerse las preguntas clásicas: ¿quién paga? ¿quién usa? ¿Qué usa? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cada cuánto? Preguntas éstas que no suelen pertenecer al planeta pedagógico.

2. Para aquellos que se desempeñan en clubes y gimnasios y les haya parecido exagerado esto de que hoy parezca preferible parecer que ser.

Puede ser que parezca exagerado. Pero la exageración puede ser una buena estrategia en ciertas situaciones. Ya los filósofos griegos enseñaban que cuando una convicción está muy arraigada, la única posibilidad de hacerla vacilar puede consistir en un ataque a la autoestima del que la sustenta. Es por eso que cuando me preguntan por una cirugía estética (no reparadora) de nariz, por ejemplo, suelo contestar: “Me parece bien, si ustedes quieren tomar esa decisión porque va a hacerles sentir mejor. Pero asegúrense que les hagan una nariz que respire”.
No creo que pueda negarse que hoy se realizan cirugías estéticas con la lógica de las compras en el supermercado: se recorren las góndolas y se va cargando en el changuito con unos glúteos más empinados y abundantosos, unos labios más sensuales o unos senos más voluminosos.
(En el fondo las que se hacen pechos XL o los que eligen una estética peneana idem, lo que buscan es posicionarse fuerte en el mercado del deseo, tanto como para convertirse en una oferta sexual imprescindible.)
Como se preguntaría Mafalda, el inolvidable personaje de Quino: ¿Será que la ciencia logrará inventar cirugías estéticas para el alma?

3. Para aquellos que se dedican al entrenamiento de deportistas de distinto nivel de desempeño.

El último escándalo del tenis argentino merece una buena reflexión (1). Es evidente que el deporte de alto rendimiento parece empeñado en recorrer senderos que empañan sus logros y desmerecen sus posibilidades como uno de los territorios humanos en los cuales es posible perseguir la inalcanzable perfección. Les propongo unos pocos puntos de vista que podrían servir para las discusiones y los repudios:

· El doble discurso, la hipocresía se advierte claramente también en el deporte.
¿Cómo puede entenderse que un deportista pueda jugar habiendo tomado
alternativamente hasta 250 productos, proporcionados “desde arriba”, destinados a
mejorar su perfomance, como es el caso de los futbolistas italianos y “el sistema”
lo penalice porque consume una droga de uso privado?
· Es, desde luego, lamentable que cualquier persona ponga en riesgo su salud por su adicción a la cocaína, el uso de anabolizantes o anfetaminas. Sin mencionar que significa un injustificable engaño para todos aquellos competidores que por propias convicciones no las utilizan, pero, tal como dice Carlos Montaner :
¿” A quién se le hubiese ocurrido retirarle el premio Nobel a Hemingway porque le
gustaban los mojitos y el whisky un poco más de lo debido” ?
Desde luego que son ámbitos de actuación diferentes y el escritor no engaña a sus lectores si le gusta el vino: puede escribir mejor o peor, pero, en definitiva es asunto suyo. Sin embargo, vale la pena preguntarse si las regulaciones no constituyen otra de las maneras de controlar y disciplinar los cuerpos de los sujetos que siempre han inventado los sistemas. Y que significan un atropello sobre los derechos que todo adulto debe tener sobre su corporalidad. Existen en los Estados Unidos, por ejemplo, torneos de físico culturismo para anabolizados y otros para no anabolizados. Es una manera de no entrometerse en esos derechos, aunque muchos estén en desacuerdo. Y los espectadores también saben que en una competencia pueden esperar contemplar muchos mayores niveles de desarrollo muscular (¿patológicos?) que en la otra.
Es útil recordar que penalizar la tenencia de drogas para uso personal constituye una flagrante violación al principio de reserva contemplado en el artículo 19 de la Constitución Nacional que señala: “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan el orden y la moral públicas, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados”. Queda claro que en los casos de doping, el perjuicio a terceros es evidente. Pero no lo es en el caso de la marihuana o la cocaína.
No estoy haciendo una apología de las adicciones. Estoy profundamente en contra de todo lo que signifique un daño a la salud. Estoy diciendo que hace falta una sincera discusión. No se puede premiar con sumas importantes de dinero a una nueva marca mundial y esperar que no se especule con batirla “centímetro a centímetro”, para cobrar varias veces la suma, como se sabe hacía Bubkha, el garrochista ruso. No se puede explorar y usar todas las posibilidades que ofrece la ciencia para mejorar el rendimiento, endiosar a los campeones que llenan estadios y, al mismo tiempo, suponer que los atletas van a rechazar toda droga prohibida por el sistema, para obedecer un discurso contradictorio que proviene del mismo sistema y que, sin duda, significa otro de los tantos intentos de control de los cuerpos que se han sucedido a lo largo de la historia.
Habría que preguntarse permanentemente... ¿qué festejamos de un deportista exitoso? ¿Que sea un héroe del estadio y un arquetipo o que se esté destruyendo para nuestro placer? La respuesta no es tan obvia como parece. El espectador medio quiere presenciar la goleada histórica que su equipo le propina a su archirival. O el momento irrepetible en que se bate una marca mundial. Por esos momento inolvidables, por el espectáculo que se genera, el público llena los estadios. Y estadios llenos significa esponsorización y medios de comunicación asegurados. Sin embargo, este proceso implica también presión y exigencias del sistema sobre atletas y jugadores. Es hipócrita rasgarse las vestiduras cuando uno de ellos transgrede. El mismo sistema del deporte moderno lo “empuja” a ello. Las soluciones no pasan por penalizar al eslabón más débil de la cadena, sino en desenmascarar los vericuetos de un sistema que se está mordiendo la cola.

4. Para aquellos que trabajan en escuelas, clubes o centros de entrenamiento con alumnos pre-púberes, púberes o jóvenes.

La enseñanza con los adolescentes actuales no suele ser sencilla. Las consultas y narraciones de los docentes así lo testifican. Sin embargo, la mejor política para la juventud es la educación. Habría que tener en cuenta los siguientes aspectos:

· Nos es lo mismo “problemas con los adolescentes” que “problemas de los adolescentes”. ¿Qué es verdaderamente lo que le preocupa a un docente? ¿Que no puede “dominarlos”, que no sabe como hacer para que se interesen en algo? ¿O que no le encuentra la punta al ovillo para ayudarlos en esa verdadera encrucijada en la que se encuentran? Al contestar estos interrogantes hay que considerar que nunca hay neutralidad en la mirada que se echa sobre la realidad. La verdad es que la percepción crea la realidad y cada uno crea su percepción. Por eso, se dice que todo es una cuestión de interpretación. Por eso, al menos hay que considerar la hipótesis del “adulto centrismo” de la mirada con la cual el maestro mira a sus alumnos.

· No existe un modo único de ser joven. La homogeneidad es un mito; la adolescencia muestra múltiples rostros. En consecuencia habría que evitar las generalizaciones: no existe una única manera de ser jóvenes. Las comparaciones con los jóvenes de otras etapas de la cultura, de otras coyunturas históricas, dificultan la comprensión. Definitivamente no es válido que el maestro esté convencido de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Agotadas- solo aparentemente- las ideologías, desterradas las utopías por un relativismo desbordado, el problema que persiste es cómo reconstruir un horizonte cultural cargado de sentido para los mismos jóvenes.
· Para aquellos que tienen problemas con los adolescentes valdría la pena considerar que, probablemente, nos enfrentamos a nuestra propia adolescencia cuando actuamos con los adolescentes de hoy. Con lo cual los obligamos a que acarreen el peso de nuestro pasado. Pasado éste que no tiene nada que ver con el porvenir de ellos, que viven en el presente.
· En las instituciones deportivas se observa un fenómeno frecuente: los adolescentes suelen abandonar frecuentemente sus prácticas y entrenamientos. Las causas hay que buscarlas en:
1 Esfuerzos demasiado duros.
2 Demasiado unilaterales.
3 Buscando especializaciones prematuras.
4 Errores en la conducción.
· Dado el mundo emocional de los adolescentes es imprescindible lograr su participación en las decisiones, intermediar para alcanzar un caro objetivo: a partir del autoconocimiento, llegar a la gestión del propio cuerpo. Me parece importante no invisibilizarlos de las discusiones sobre aquellos proyectos que tengan que ver con ellos. Necesitan diferenciarse para constituir su propia identidad, pero demandan modelos flexibles que ellos mismos ayuden a construir.
· La necesidad de “poner límites” puede ser sólo otro lugar común. Cuando uno pone límites a un adolescente logra una de dos cosas: o que se someta o que se rebele. Otra cosa totalmente distinta es construir y acordar reglas con ellos, lo que habla de un proceso democrático. Que termina de redondearse cuando esas reglas se respetan.
· Enseñar no es “dar y recibir”. No es que uno entrega y el otro recibe. Eso no es otra cosa más que un ejercicio encubierto de relaciones de poder. Tal como decía Foucault, hay que recordar que el maestro posee poder psicológico, social y físico. Intermediación, esa es la clave.
· Los adolescentes deben estar en crisis, pero ella no tiene por qué ser considerada patológica.
· Los padres y profesores amigos de sus hijos y alumnos, son inaceptables. Hay cosas que los adolescentes no tienen por qué hablar ni con unos ni con otros. No hace ninguna falta. El pudor es una pequeña puerta a la libertad individual. Hay que dejar que las confidencias sucedan de acuerdo al ritmo emocional del joven.
· Los padres suelen solicitar a sus hijos cosas en las que les hubiese gustado tener éxito a ellos. Es por eso que a veces recurro a la cruel ironía de decir “No todos los chicos tienen la suerte de nacer huérfanos”. Es que muchos padres sobrecargan de una insoportable presión emocional a sus hijos. El tenis, precisamente muestra muchos ejemplos de esta circunstancia.

Como cierre me gustaría resaltar que...

El deporte, en sus concepciones clásicas, refuerza una natural tendencia de los seres humanos a competir contra el otro. Además, en la vida cotidiana y sin que seamos consciente de ello, es cada vez más frecuente el luchar para o el luchar por. No se advierte que tales actitudes son la base del sufrimiento.
Vivir con otros, entre otros, es el arte de armonizar las diferencias. Por eso todo aquel docente que conciba que enseñar también es crear un mundo nuevo, debería “usar” el deporte para generar campos de comprensión en vez de campos de lucha. Campos de juego, confraternidad y competencia con uno mismo, en los cuales el rival de valor o superior a mí, es más que nada mi compañero porque es el que me permite medir mis fuerzas y mis límites. No es el enemigo al que hay que destruir. Estos campos me parecen preferibles a otros tan desalmados y chauvinistas como los que estamos acostumbrados a contemplar sin inmutarnos.

(1). Me refiero a la suspensión de Mariano Puerta por doping.

Mariano Giraldes

lunes, 31 de agosto de 2009

Uno de los tantos que expulsamos


Ya en algún escrito anterior decía que todo discurso significativo tiene un destino claro: romper las apariencias. El “discurso” de Bielsa en su conferencia es un buen ejemplo de ello. El título con que encabecé la misma, puede permitir alguna reflexión final...
¿Qué destino, aparentemente irreversible, empuja a que muchos de nuestros mejores científicos, artistas, artesanos, maestros o simples ciudadanos tengan que emigrar “para intentar ser feliz en algún pago lejano”, como dice Atahualpa?

SANTIAGO DE CHILE "¿Llevo hablando cuarenta minutos o una hora cuarenta minutos? No, estoy preguntando en serio. ¿Cuánto llevo?".
El entrenador de la selección chilena exponía ya por tres cuartos de hora en un salón de Hotel Hyatt ante más de mil personas.
Fue su audiencia más dispar: en el Congreso Percade había empresarios, sindicatos, trabajadores, ex futbolistas y medios de comunicación. Ha sido su conferencia más peculiar también: atravesó temas personales, elementos de formación y diseccionó lo más claramente posible -en una hora 23 minutos- el modo de liderazgo que lo tiene como figura nacional en Chile.
Entró, casi avergonzado, en un informal buzo gris. "Es demasiada gente. Más de la que merezco y no es falsa modestia. Nada de lo que diga es algo que no le haya escuchado a alguien antes".
Y partió:
1. "Escuchar a alguien solamente porque es público es un profundo error. Entiendo mi presencia acá porque circunstancialmente hay una percepción exitosa del proceso que tenemos, pero difundir el pensamiento de alguien sólo por esa circunstancia, si se quiere difundir valores, no es correcto. Lo digo yo, que soy un especialista en fracasos. La relación entre el éxito y el fracaso ha sido central en mi vida y puedo decir de eso que el éxito y la felicidad no son sinónimos. El éxito es sólo una excepción que ocurre de vez en cuando".
2. "El que lidera cualquier grupo tiene que presentarle al resto virtudes a las que hay que respetar. Yo estoy a favor de la diversidad e intento escapar a la tentación de la uniformidad, pero hay que buscar las coincidencias mínimas para lograr la armonía".
3. "He logrado identificar tres síntomas de un líder. Cuando entra al vestuario, el murmullo de los jugadores para. Cuando habla, todos tienen el deseo de escuchar, y cuando el líder cuanta un chiste, todos se ríen y si lo cuenta otro, no. Creo que el liderazgo está afianzado en la derrota, ahí se ve la capacidad de conducir".
4. "El fútbol puede que sea un negocio en su contorno, pero estoy en profundo desacuerdo con eso. Hay un riesgo muy grande: un día un hincha poderoso de la U puede comprar Colo Colo y cerrar el equipo. Puede sonar efectista, pero es así".
"El futbolista siempre se da cuenta cuando un entrenador lo engaña y es algo que jamás hay que hacer. Porque en la derrota, lo sacará a relucir. En la victoria, el líder siempre es rubio y de ojos azules, pero en el fracaso no. Yo creo que la adversidad nunca es el momento de cambio, así que no creo eso de que la crisis es una gran oportunidad. En la prosperidad es cuando hay que intervenir".
5. "Lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona. Por eso, este tipo de actividades me asusta, me asusta dejarme seducir por la admiración, porque sé de antemano que es inmerecido. También soy un convencido de esto. Hace un tiempo sufrimos una pérdida en la familia y salió lo mejor de todos los que intervinimos en el asunto. Me llama la atención que acá en Chile, por ejemplo, yo haya sido descrito con las exactas mismas palabras con las que se han descrito a Arturo Salah. Lo que quiero decir es que el logro le pertenece a todo el mundo, no se puede individualizar. Cuando uno martilla veinte veces mal y le acierta a la veintiuno, eso es producto de los anteriores errores".
6. "Hay un error conceptual. Se cree que el mejor equipo merece todas las licencias, mientras que el reglamento debe aplicarse a los peores. Debería ser todo lo contrario, para alguien que conduce desde la nobleza. Pero el entorno dicta otra cosa. Los medios siempre predican en el sentido contrario de lo que yo pienso"."Hacer reglamentos es siempre una expresión de debilidad. No se está previniendo nada, sino mostrar las propias falencias, la incapacidad de definir uno lo que está bien o está mal. No creo en las sanciones".
7. "Hay dos grupos de entrenadores y yo me ubico en uno de ellos. Unos optan por la mecanización, otros por la creación; unos por el método y otros por la improvisación. Yo claramente estoy en uno, pero ambos métodos son válidos y se ve cada semana en el fútbol chileno: la mitad gana y la mitad pierde. Ser absoluto en estos temas es absurdo. Pero acá nadie tiene logros duraderos sin actuar de acuerdo a los principios en que uno cree".
8. "El fútbol no merece este tipo de exageraciones en las que caigo. La obsesión sobre un tema empequeñece al hombre, lo hace peor, aunque sea la manera de obtener éxito. Coincido a veces que puede servir más una buena película antes del partido que ver más videos del rival".
9. "Trabajo con 10 personas viendo partidos, e intentamos sacar conclusiones, ideas verificables. Cuando digo que hay una matriz para llegar al gol, estoy seguro de eso. Pero no importo yo, importa el procedimiento. Los medios tratan de antagonizar personas, nunca ideas. Yo entiendo que el fútbol no es mecánico, ni que son sólo muñecos o máquinas que se mueven. Mis análisis no son una pretensión: es un ejercicio que hasta el más negado podría hacer".
10. "Yo entiendo la rebeldía del que no juega, les duele no jugar. Lo que no perdono es el que deja de luchar: entiendo los desbordes, las vedettes, los bailes, pero que alguien deje de luchar es algo que no admito".
11. "No soy el responsable del material humano del fútbol chileno. Estaba desde antes. Nadie puede activar potenciales que no existen. Esto es muy importante: importa tanto poseer una cualidad como crear los momentos para utilizarlas. Si un jugador tiene un pase gol profundo y letal, pero está a cincuenta metros de sus compañeros y de espaldas, no sirve. Ahí interviene el entrenador".
12. "Creo más en el miedo que en la confianza. Hay tantas chances que lo que todos queremos suceda, como que no suceda. El miedo nos pone alertas. No creo en el coaching, eso de confiar en uno mismo. Lo peor siempre puede suceder y para eso hay que tener una respuesta. No es absurdo".

viernes, 21 de agosto de 2009

El hipotético beneficio de la educación física en la prevención y promoción de la salud

Para comenzar, elijo repetir un concepto suficientemente admitido: las prácticas corporales sistemáticas, bien dosificadas y ejercitadas durante toda la vida, son de indudable beneficio en la prevención y promoción de la salud.
¿Por qué, entonces, hablo de hipotético beneficio de la Educación Física?
Porque para que ella, como disciplina que se encarga del cuerpo, colabore en tal beneficio, hace falta abandonar las expresiones de buenas intenciones y analizar los contextos sociales, políticos, económicos y culturales en que se desarrollan nuestras prácticas. Y también hace falta revisar nuestros propios saberes. Dado que ellos nos facilitan o niegan la posibilidad de intervenir en situaciones en extremo desafiantes.
El desafío no consiste solamente en decir, sino en hacer; porque al hacer se instala el compromiso. Hacer es modificar. Enunciar buenas intenciones puede ser sólo retórica vacía de significados.
Para que los saberes corporales que suponemos socialmente válidos sirvan para algo, al apropiarse de ellos, cada persona debería:

· Aprender a saber sobre su propio cuerpo.
· Aprender a ser corporalmente en el mundo.
· Aprender a hacer un uso adecuado del mismo, no solo al hacer deportes y entrenar para mantener su estado de forma, sino también en todas las acciones de su vida cotidiana, recreativa y relacional.
· Aprender a estar con los demás que son los que le otorgan sentido a nuestras prácticas corporales.

Para que todos esos aprendizajes sucedan hace falta, primero que nada, que cada aprendiz tenga a bien querer apropiarse de las propuestas que recibe, dado que cada uno aprenda lo que se le da la gana. Y lo que su contexto, su historia y su experiencia le permiten.
Si eso sucede y las clases están bien planeadas, bien llevadas a la práctica y bien evaluadas, la prevención y la promoción de la salud serán la lógica consecuencia. De manera que la positiva incidencia de las prácticas corporales sobre la salud depende de las maneras en que se las concibe y se las lleva adelante. En este asunto, el pensamiento mágico no funciona.
Planteo algunos interrogantes:

¿Por qué digo que llevar a la práctica tal planteo, que parece elemental, es absolutamente desafiante?
¿Cuáles son esos saberes que disfrutarán los alumnos si tenemos el talento de interesarlos?
¿Cómo se hace para despertar el interés de los sujetos, de manera que estos den su consentimiento a la oferta educativa que quiero y puedo darles?

La respuesta sintética, es:
No teniendo representaciones previas de nuestros alumnos que suelen convertirse en planificaciones y propuestas ajenas a ellos, vivificando las prácticas y entendiendo que el currículo no es una trampa para la creatividad.
A lo largo de esta exposición, desarrollaré la argumentación un poco más. Comenzaré interpretando que significa esto de aprender a ser, a saber, a hacer y a estar con los demás.

En torno al ser: Una persona que llega a “ser” ha sido modelada por un conjunto de informaciones aportadas por su patrimonio genético y por el conjunto de reglas, comportamientos y opiniones aportadas por las personas de su entorno. Cada persona es el producto del encuentro entre mecanismos genéticos concretos y la manera en que es capaz de historiar la historia que lo historió. Este producto es de tal maravillosa complejidad que le permite a cada uno participar del proceso de su propia construcción. Lo que significa-nada más y nada menos- que cada uno puede realizar su particular contribución personal a lo que es. Y, sobre todo, a lo que llega a ser.
En este sentido es que decimos que el hombre se hace a sí mismo. Su ser no está predeterminado. Lo que llega a ser depende de sus elecciones. La libertad pertenece a la estructura misma de la conciencia. Sastre, referencia inevitable, luego de su Ser y la Nada, lo aclara perfectamente cuando dice que se está condenado a ser libre. No se puede dejar de elegir y, por lo tanto, de estar expuesto al fracaso y al ser-nada frente al mundo y ante los otros hombres. Esta libertad constitutiva se reconoce en la angustia. Es en la angustia donde el hombre comprende su ser como libertad originaria.
Desde el enfoque de la educación, Jaim Etcheverry, en La Nación del 14 de Junio de 2009, cita al poeta griego Hesíodo, siglo VIII a VII a.C., quién afirmó:
La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”. Si se acepta, bien haríamos los maestros del cuerpo en concebirnos como aquellos con lo saberes necesarios como para ayudar a otros a ser capaces de ser corporalmente. A vivir eligiendo que es lo que quieren hacer con sus cuerpo; que tipo de relación quieren tejer con él. Y es también responsabilidad nuestra ofrecer alternativas para que cada uno pueda encontrar significados personales a las diferentes prácticas corporales.
Expresado de otra forma, la ayuda que proporcionamos es ayuda para desarrollar una visión personal del mundo. Mundo globalizado, atravesado por múltiples aspectos que tienen que ver con lo corporal.

Dos aspectos son fundamentales:
1. Los valores
2. Las actitudes

En cuanto a los valores habría que ayudarlos a interrogarse: ¿Qué clase de persona quiero ser? ¿Qué quiero hacer con mi cuerpo? ¿En base a que valores voy a moverme en la vida, por ejemplo cuando juego o cuando hago deportes? ¿Cuáles son los propósitos que guiarán todo mi proyecto personal?
Hay que recordar que cuando todo cambia, cambia lo que está atrás de todo. Es decir, cambian los valores. Y eso es lo que está sucediendo a nivel global: están cambiando los valores.
No es que carezcamos de ellos, muchos están intactos: la igualdad, la justicia, el valor de la vida como sagrada, la importancia trascendente del hombre, de la familia, del amor. Están todos. Ninguno ha muerto.
Solo que no están jerarquizados. Y dado que los valores son señales en el camino en las que nos apoyamos para tomar decisiones, necesitamos tal jerarquía para que nos sostenga y oriente.
Hoy parece decisivo categorizar algunos, nada convencionales pero muy necesarios, tales como la austeridad, el esfuerzo, la disciplina personal, la ética del trabajo, la moderación, la necesidad de límites, el progreso sustentable, la conciencia colectiva y el consumo racional. La libertad sigue siendo, desde luego, un valor inalterable. Pero con responsabilidad.
Ella se sustenta no solo en los derechos sino también en las obligaciones que todos tenemos como ciudadanos. No es solo un chispeante juego de estar eligiendo lo que más nos conviene. A veces, la libertad es una condena. No se elige sin sacrificar y no se puede elegir todo a la vez. Muchas veces la alternativa es: esto sí y, por lo tanto, aquello no. Se está comenzando a comprender que no puede continuar el descontrol y menos el sálvese quién pueda.
Como se ve, una vez más, parecería que hace falta una crisis, para que se retome el camino y se comprenda que la falta de una escala de valores se produce porque, agotada las creencias en la tradición, en Dios y en la razón, no existen autoridades reconocidas universalmente que enmarquen tal escala.
Dijo Nalbandian, con la seguridad que le permite su rango de ídolo: “Yo siempre hago la mía”. Y probablemente por el agotamiento que le produjo sus jornadas de reflexión en la clínica, en que se operó de la cadera, asestó: “No importa cómo se lleve el grupo. Lo que importa es ganar”. (Refiriéndose a la Copa Davis).
Quizás tales frases den apariencia de autenticidad y personalidad, pero, desde una discusión sobre valores merecen ser revisadas. No es cuestión de aceptar así como así, frases tales como: “cada uno tiene su razón, cada uno tiene su verdad, cada uno hace de su vida lo que quiere”.
“Hago lo que quiero”, dice el sujeto sujetado a su subjetividad. Aparentemente y para el, su subjetividad es el refugio de la libertad.
Si uno hace lo que quiere o lo que los otros quieren, los valores no valen porque no hay escala, porque no existe alguna razón de ser superior.
Hace ya muchos años, dijo Risieri Frondizi: “Si cada uno tiene debajo del brazo el propio metro de la valoración… ¿con qué patrón decidiremos los conflictos axiológicos”?
Me gusta o no me gusta, son formas de valorar llamémosla “de uso personal”. Aunque, eventualmente, de suma importancia para el sujeto en cuestión. Pero no sirven cuando se trata de valores superiores, los que tienen que ver con lo ético/moral, con la responsabilidad personal, con la conciencia de la presencia del otro como persona autónoma y digna de respeto. Esos valores no pueden depender del gusto de cada cual.
Decía Jaime Barylko: “Hay un margen de subjetividad pura y plena y es de vos mismo con vos mismo; no bien quieras superar esa soledad y comunicarte con otros y vivir con otros, tendrás que hacerlo en términos de la mayor objetividad posible, es decir de sometimiento a algo superior que no es yo, que no es vos, que no es él, sino que está por encima de nosotros y al mismo tiempo nos sirve de puente comunicativo”.
Valores inferiores sacrificados por la obtención de valores superiores, eso es la moral, enseñaba Marx Scheler. Y en ello consiste la sabiduría de la vida. No podemos estar juntos sino haciendo este tipo de “sacrificios”, de concesiones, de abandono de algunos gustos e inclinaciones particulares.
El sujeto actual quiere construirlo todo desde su yo inalienable. Es cierto que, en determinadas circunstancias ese yo debe ser fortalecido. También es cierto que no debería ir delante de todo, absoluto, endiosado. El extendido sentimiento de una vida sin sentido que atraviesa a muchos, se debe en buena medida, a la total prevalencia de la subjetividad.
“Sin escala de valores no hay valores y sin represión no hay producción de sentido”, dice Foucault.
En cuanto a las actitudes sin duda hay que analizar aquellas posibles de ser influenciadas por una educación corporal que muchos estamos resignificando. Por ejemplo:

1. Autoestima: Que se construye tan pronto puede uno alejarse de los mecanismos por los cuales los poderes sociales ejercen su influencia sobre el cuerpo. O sea las prácticas de dominio, control y disciplinamiento corporal como la coerción, el dominio, el castigo y las conminaciones a la búsqueda de la belleza y la eterna juventud.
2. Autocontrol: Que se manifiesta, por ejemplo, por la posibilidad de controlar las emociones que derivan del pudor, el miedo y la vergüenza. El autocontrol nos sirve también para ser los amos de nuestra propia atención. El ser humano siempre se ha visto obligado a concentrar su atención en alguna cuestión determinada. Pero ahora, ante el bombardeo de estímulos, debemos dedicar una energía cada vez mayor a decidir dónde merece la pena enfocarla. Adquirir información a toda velocidad es importante, pero no ha dejado de serlo el cultivar la reflexión, un modo de concentrar la atención esencialmente humano. Es por eso que William James, filósofo y psicólogo dijo: “Experiencia es aquello a lo que hemos decidido prestarle atención”.
3. Autonomía: De ella nace el uno mismo. Significa darse a sí mismo la ley. Puedo valerme por mí mismo. Los otros están y yo estoy y estamos juntos. Pero también podemos estar separados. Si necesito algo puedo pedir ayuda; pero muchas veces puedo hacer las cosas solo.
4. Solidaridad: Entendida como compromiso inter humano. Según Freud, el mandamiento bíblico de amor al prójimo, nunca hubiera sido necesario si, para todos, el prójimo fuera naturalmente objeto de simpatía o amor. Más bien pareciera ser que sucede lo contrario. Probablemente por eso, Sartre, en una obra de teatro, hace decir a uno de sus personajes: “el prójimo es mi infierno”. La solidaridad no es algo que vaya a surgir espontáneamente. Es algo del orden del deber. Es que hay algo superior al ser, es el deber. El ser consiste en los deberes elegidos.
5. Aquella actitud de relacionarse con el propio cuerpo a través del placer desterrando el dolor y el sufrimiento. Es cierto que, en muchas circunstancias, por ejemplo cuando se deben llevar adelante prácticas corporales por recomendación médica, el placer parece difícil de alcanzar. En esos casos, no conozco otra alternativa que ayudar a los sujetos a plantearse metas desafiantes en torno a lo que ellos mismos consideran necesario: a todos suelen estimularnos los desafíos).
6. Aquella otra actitud que posibilita hacer proyectos en común con otros, basados en la confianza y en el respeto a la palabra dada.

En torno al hacer: El primer concepto a abordar es el de aprender a hacer un uso adecuado del cuerpo. La frase que ejemplifica el criterio con el cual se orienta toda la práctica- práctica que sugerimos dice así: “El cuerpo, si se usa bien, puede durar toda la vida”.

¿Cómo se enseña a usar bien el cuerpo?
* Alcanzando una plena disponibilidad corporal, que sólo va a lograrse cuando a través de lo aprendido en la escuela- o en otros ámbitos- pueda llevarse adelante un proyecto de gestión del propio cuerpo que pueda mantenerse toda la vida. Esa autonomía (actitud que ya mencioné antes), requiere aprender a ejercitarse, a programar un plan de entrenamiento, a rechazar propuestas comerciales de poca o ninguna base científica, a elegir la más adecuada práctica, en función de la historia y los gustos personales.

* Parte de esa práctica adecuada también consiste en aprender a moverse en las acciones motrices de la vida cotidiana. Sentarse horas a estudiar o trabajar con la computadora es una proeza atlética, Hay que aprender a estar sentado de la manera más adecuada. Lo mismo sucede con las posiciones para dormir y hay que enseñar la importancia y la técnica de desperezarse. Levantar objetos pesados, tiene su técnica; lo mismo que empujar y trasladar o caminar de la manera más eficaz. Entrar y salir del auto y sentarse correctamente en el mismo no es nada fácil. Tampoco barrer, estar de pie mucho tiempo, hacer la cama o bañar al bebe. Podríamos llamar a estas preocupaciones bien concretas “escuela de la postura y preservación de la columna”. Vale la pena recordar que los dolores de columna- en alguno de sus sectores- es el dolor más frecuente después del dolor de cabeza.

* Otorgarle sentidos renovados al juego en todas sus variantes, los juegos deportivos altamente reglados y sus adaptaciones que han dado origen a los llamados New Games o deportes alternativos. Y a todas las prácticas corporales que puedan llevarse adelante en el agua o en contacto con la naturaleza. Que ejemplifican maravillosamente esto de “aprender a vivir el cuerpo con placer”. En este aspecto habría que ser capaz de enfrentar los usos dominantes del cuerpo en nuestra sociedad, rescatando otras manifestaciones de la cultura de lo corporal, llamémosle, no domesticadas. El deporte, por ejemplo, no es el gran definidor de la cultura corporal, aunque lo parezca. Se podría tratar, entonces, de otorgarle atención pedagógica a otras prácticas corporales tales como los juegos populares. A los que no hay que preservar sino conservar. Porque se preserva lo que se manda al museo. Y se conserva lo que se practica.

* Comprendiendo que cultura corporal es aquel conjunto de saberes, creencias, valores, leyes, reglas, hábitos, prácticas, usos actitudes, esquemas perceptivos y representativos, sensibilidades, utensilios, y aparatos relacionados con acciones corporales. Esta cultura, en sus manifestaciones actuales, posee ciertamente, reglas según las cuales se juega el juego y que deberían poderse examinar críticamente.
Por lo tanto entre las “cosas” que debemos enseñar a hacer y a comprender en su significado, se cuentan:
- Las técnicas y hábitos de presentación corporal como las maneras de vestirse, la higiene, las formas de la cosmética, los gestos y expresiones que rigen las normas de cortesía y convivencia.
- Las técnicas y hábitos sexuales. Así como las valoraciones del propio sexo y del contrario.
- Las prácticas recreativas, festivas y expresivas.
- La comunicación no verbal.
- Las prácticas curativas y los modos de comprender la salud y el bienestar.
- Las representaciones de la belleza y la fealdad corporal, la mesura y el descontrol, la elegancia y la vulgaridad, la pulcritud y el desaliño, la soltura y la torpeza motriz.
Todos estos ejemplos, creo, pueden servirle al lector, para reflexionar sobre aquella frase que mencionaba un poco más arriba: La cultura actual está absolutamente mediatizada por cuestiones que tienen que ver con lo corporal. Merece, por lo tanto, ser revisada críticamente. Aun cuando no sean procederes habituales de los profesores de Educación Física.

En torno al saber: No solo hay que conocer el valor del ejercicio para una vida sana. Independientemente de la clase social de la cual provengan, que condiciona fuertemente las relaciones con el propio cuerpo, todos deberían aprender el maravilloso concepto y el hábito del cuidado del sí mismo, digno de ser transmitido en las clases de Educación Física. Por ejemplo, todo lo referido al alcohol, tabaco, alimentación, sexo seguro, violencia y drogas.
Sé que no es sencillo. Inclusive puede parecer utópico. Algunos pueden argüir que “no somos asistentes sociales”. Pero mis interrogantes son elementales:
Si no somos nosotros… ¿Quienes?
Si no es ahora… ¿Cuándo?
La mejor estrategia que se me ocurre, para tratar esos temas con niños, adolescentes y jóvenes, consiste en jugar la falta. Hay que hacerles notar QUÉ les falta para interesarlos.

Lo que les falta es saber. Y esa falta de saber les puede costar la vida.
Me detengo en algunos ejemplos:

* La mitad del mundo se muere de hambre y la otra mitad se muere de exceso. Tal situación sintomatiza en los trastornos de moda, tales como la bulimia y la anorexia.
En relación a los síntomas que indican una aproximación a ellas, muchas personas suelen usar frases prototípicas. Por ejemplo: “No sé porqué engordo si no como nada”. En realidad es una nada supuesta en respuesta al exceso, que suele ser real. Cuando esa nada se transforma en hiperactiva, aparece la anorexia.
Hay distintas maneras de relacionarse con la comida, eso es cierto. Y mucho más cierto para aquellos que ni siquiera tienen un dólar diario para sobrevivir. Pero todos enfrentamos el exceso o la carencia.
Los más afectados por el sobre peso y la obesidad son los más pobres. Ellos tienen mucho menos posibilidades de comprar alimentos de calidad y viven en condiciones que no estimulan el ejercicio. Las cifras actuales de la pobreza en la Argentina, hubiesen hecho explotar a los gobiernos hace 30 o 40 años atrás. Veamos dos o tres datos: 40,9 % de los niños y adolescentes argentinos son pobres. 14,3 % son indigentes, es decir que, en las condiciones actuales no tienen asegurada una dieta mínima, 10 % de los chicos en edad escolar no van a la escuela. 19,4 % es la tasa de abandono en el polimodal.
Otra cuestión importante tiene que ver con las formas en que comían los padres y abuelos actuales, cuando eran niños. Los estilos de alimentarse eran totalmente diferentes a los de hoy. Antes, se debía comer todo lo que había en el plato. Nada se tiraba. El argumento de los niños hambrientos del mundo era tan imbatible como lo es hoy que existen 1000 millones de hambrientos. Se forzaba a comer, no importaba el tiempo que se tardase en deglutir la “pelota” de comida que se tenía en la boca.
Hoy, a los chicos que tienen la posibilidad de comer seguido, se los ve frecuentemente sentados ante platos de comida rellenos en los bordes y con un pequeño vacío en la parte central. Sería fácil hipotetizar que tienen un trastorno alimenticio. Lo que tienen es el plato lleno de una comida incomible, la del comedor escolar, por ejemplo, o porque en su casa todo sabe igual, porque se ha perdido el saber cocinar de madres y abuelas o se come “delivery”.
Esa atrofia del paladar genera dos reacciones opuestas:
1. Se revuelve la comida en el plato.
2. Se genera una ingesta indiscriminada de otros alimentos nada recomendables como frituras, comida de Mac Donald, snacks, jugos envasados, golosinas o galletitas.

* El embarazo en adolescentes es hoy uno de los principales factores que inciden en la salud y mortalidad de la madre y el niño, asegura un informe de la Organización Mundial de la Salud.
Las chicas menores de 16 años son más propensas a morir y la tasa de mortalidad del recién nacido es 50 % superior. Se estima que 16 millones de adolescentes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años dan a luz cada año y un 95 % de esos nacimientos ocurre en países en desarrollo. Esto significa el 11 % de todos los nacimientos en el mundo. No se disponen de estadísticas confiables sobre la cantidad de menores de 15 años que dan a luz. Pero en ellas, el riesgo aumenta proporcionalmente.
Existen importantes diferencias regionales. Mientras en China, los partos adolescentes son del dos por ciento, en América Latina y el Caribe reportan el 18 %.
Las adolescentes embarazadas requieren atención física y emocional especial durante el parto y el puerperio para preservar la propia salud y la de sus bebes. Especialmente en contextos tan complicados como los nuestros, en los cuales, las cuestiones culturales influyen profundamente en el comportamiento sexual.

* El alcohol no tiene el mismo efecto a cualquier edad. Las razones son las siguientes:
1. Hasta los 21 años no se desarrolla el sistema oxidativo que permite metabolizarlo o sea "asimilarlo" con mayor o menor propiedad.
2. Hasta esa edad el sistema neuronal no se termina de desarrollar.
3. El sistema de desintoxicación tampoco está maduro en la adolescencia, ya que necesita de la inducción de las hormonas sexuales.
Por lo tanto, hay que recordar:
Al tomar alcohol, se sepa o no, uno se "mete" adentro del cuerpo un psicofármaco que va a traerle depresión ya que no es un estimulante como se cree, más que en su primera fase.
En la segunda etapa es depresor de distintas capas de la corteza cerebral. Por eso los patéticos cuadros de chicos vomitando, tirados por el piso como consecuencia de los excesos.
El alcohol no es alimento porque no ingresa energía ni masa al organismo con su ingesta. Lo que ingresan son calorías vacías que engordan, dado que cada gramo de alcohol tiene 7,1 calo-rías.
Una sola dosis excesiva, durante el embarazo, pasa a través de la barrera hematoplacentaria y puede producir malformaciones craneofaciales en el bebé.
Ciertos rituales de moda tales como beber, varones y mujeres por separado, antes de ir a bailar, beber luego en la entrada de la disco y, por último, adentro del boliche un "mix" de bebidas, mezcladas en un único recipiente, no son pasaporte a la diversión. Más bien todo lo contrario. Combinar con bebidas energizantes y Viagra agrava los cuadros.
* En el cigarrillo encontramos un dúo mortal casi perfecto: la nicotina y el monóxido de carbono. La nicotina es una sustancia alcaloide soluble que produce adicción y la dependencia puede doblar, triplicar o cuadruplicar la cantidad de adrenalina circulante en la sangre. El monóxido de carbono afecta el transporte máximo de oxígeno realizado por la hemoglobina. En condiciones de estrés el mayor consumo y el menor transporte de oxígeno pueden traer severas perturbaciones fisiológicas. El argumento, muy corriente, que se usa a favor del tabaco consiste en señalar que el Estado percibe el 70 % de cada atado de cigarrillos que se vende y que miles de familias viven del cultivo, industrialización, transporte y comercialización del tabaco. Nada más erróneo. Si bien lo apuntado es cierto, no lo es menos que en los países desarrollados, en los cuales se han hecho serios y cuidadosos estudios, se ha determinado que el gasto por parte del Estado es de 5 dólares por cada uno que percibe de los impuestos, si se contabiliza el tremendo efecto y el costo sanitario de horas laborales perdidas y de áreas sustraídas a las siembra de alimentos, además de las bajas en vidas y el impacto que ello significa en la niñez.
Los cigarrillos vendidos en los países del llamado Tercer Mundo contienen mayor tenor de alquitrán y nicotina que aquellos vendidos en los países en desarrollo. En China e India, por ejemplo, la concentración de alquitrán es de 19 a 33 mg. Mientras que en los países industrializados es de 0,5 a 20 mg.
Cualquier tipo de tóxico lleva, insensiblemente, al acostumbramiento y a la dependencia. En el caso de la marihuana se sabe que 12 de cada 100 inhaladores emprenden el camino de las drogas más activas. Quién utiliza solo una vez la cocaína tiene 43 probabilidades sobre cien de convertirse en adicto, y mediante una inyección única de heroína, el 93 % de los inoculados mostrarán marcada inclinación a la dependencia.
Un mito muy extendido es el que supone que al hacer actividad física un fumador “limpia” sus pulmones gracias a lo cual puede seguir fumando con menos riesgo para su salud. Es falso, aunque ejerza efecto de verdad. Ningún ejercicio limpia los bronquios de lo que se ha fumado. Ni siquiera de aquello fumado un minuto antes de iniciar el ejercicio. El efecto de ese cigarrillo es peor aun que el de todos los otros, por la vasoconstricción que produce, entre otras cosas. Por ejemplo, las partículas del tabaco, debido a las elevadas temperaturas de la brasa del cigarrillo que varía entre los 600 y los 900 grados, se volatilizan en fracciones sumamente pequeñas que penetran las mucosas de las vías respiratorias muy fácil y rápidamente. El fumador que hace actividad física no solo no es protegido por esta saludable práctica sino que corre graves riesgos, al punto, de que el único ejercicio que se le puede autorizar a un fumador que consulta porque quiere adelgazar, es el de realizar largas caminatas.
El riesgo del fumador que durante la práctica exige a su corazón con reiterados esfuerzos, es el de que aparezca durante su transcurso una taquicardia desmedida o una arritmia cardiaca que provoquen una menor irrigación de sus coronarias o de sus arterias cerebrales con el consiguiente dolor anginoso coronario o pérdida de la conciencia respectivamente.
La nicotina, aun en reposo, a un alto número de fumadores les provoca taquicardia; su pulso se acelera de un normal 70 a 80 latidos por minuto a cifras de 90 a 100 por minuto. Muchas veces sin que el fumador se percate porque ya está habituado a esa crónica situación taquicárdica patológica de su corazón. La nicotina también irrita las fibras miocárdicas ocasionando arritmias cardíacas que en un corazón dañado previamente (aunque todavía el enfermo no haya presentado síntomas), puede provocar graves consecuencia. Incluyendo la muerte súbita. La taquicardia y los trastornos del ritmo cardíaco se producen más fácilmente en un fumador porque su tejido cardíaco está sufriendo, además, falta de oxígeno. El óxido de carbono que penetra con el humo se mezcla, como dijimos, con la hemoglobina de la sangre; esta unión se llama Carboxihemoglobina y se produce restando a la sangre de un pequeño pero valioso porcentaje de oxihemoglobina.

Hoy no asistimos a variaciones de grado de la violencia, ni solamente a incrementos de sus índices, sino a un cambio sustancial en la naturaleza misma de ella. Es la violencia que se produce cuando las relaciones entre el individuo y la sociedad se alteran profundamente. Vivimos- o padecemos- la imposición de otro tipo de lazo social. Que se basa en ficciones. En la ficción de que somos ciudadanos y no meros consumidores, en la ficción de que existen naciones soberanas, en la historia como dadora de la identidad social, en la representación como dispositivo de funcionamiento de la democracia y, fundamentalmente, basada en la certeza de que el progreso individual y colectivo es posible.
Lo que llamamos violencia irrumpe ahí donde queda suspendido el vínculo entre las personas y se distancia el discurso de las verdaderas prácticas que produce una comunidad. Usando una frase hecha de bastante uso habría que decir:
No es que los índices de violencia aumentan; es que violencia es lo que hay. No es un síntoma de nuestro medio; es nuestro medio.
Comprenderemos algo de la violencia cuando aceptemos que cada día una mayor parte de nuestra población va cayendo por fuera del discurso, va quedando excluida del lazo social, fuera de la realidad de la humanidad. Al menos, del concepto práctico contemporáneo de humanidad. No solo ha cambiado el estatuto de los excluidos; también ha cambiado el mecanismo de la exclusión. La exclusión de hoy es exclusión de la imagen y el consumo. Es, básicamente, pragmática porque procede sin discurso y, excluir sin discurso es eminentemente violento. Por lo tanto genera violencia.

En torno al aprender a estar con los demás: La clave es potenciar los vínculos relacionales, la confianza del uno en el otro porque es ahí donde el miedo y la desconfianza han golpeado más fuerte. La cuestión es facilitar crear proyectos comunes, rescatar el valor de la palabra, desarrollar la empatía con los demás.
Dicho de otra manera:
Existe un yo porque hay un otro y su exclusión o negación, conduce al desastre o la barbarie.
Estos conceptos suenan especialmente importantes en una etapa de la cultura, que parece caracterizarse por un aumentado interés por lo corporal. Sin embargo, se advierten comportamientos que manifiestan una creciente dificultad para relacionarse cara a cara con el otro. Veamos unos pocos ejemplos:
1. El individualismo creciente y la soledad derivada del mismo, minimizan el valor de las palabras que son las que facilitan el camino que facilitan los encuentros interpersonales. Vale recordar que el amor, cualquier forma de amor, se nutre de palabras.
2. Muchas personas parecen venir hoy con celular incorporado. Hasta hace poco el teléfono parecía ser un apéndice de muchos. Hoy parece más bien que muchos son apéndices de su teléfono celular. Lo que quiero destacar, sin embargo, no es esta dependencia de la tecnología, sino que el celular se usa cada vez menos para hablar, y cada vez más para otros usos como los mensajes de texto, que son mucho más baratos. Esos usos dificultan por esa sorprendente vía, los contactos cara a cara.
Sintetizando diría: para que la Educación Corporal, actué de verdad en la prevención y en la promoción de la salud, nuestras clases deben tener un impacto simultáneo sobre lo corporal, lo socio afectivo y lo cognitivo. Para dar clases así, no hace falta hacer nada extraordinario. Hace falta dar clases ordinarias extraordinariamente bien.








martes, 4 de agosto de 2009

Un hallazgo abre una nueva vía para el tratamiento de la obesidad

Dos proteínas "gatillan" el proceso por el que se crea un tejido que quema calorías. Descubren un regulador maestro de la grasa.
NUEVA YORK.- Se abre un nuevo enfoque para el tratamiento de la obesidad gracias al descubrimiento de cómo el cuerpo crea grasa marrón, las células que queman grasa blanca y la convierten en calor.
Investigadores liderados por Bruce Spiegelman, de la Escuela de Medicina de Harvard, informan de su hallazgo en la edición de ayer de la revista Nature . Su trabajo describe el sistema natural a través del cual se generan células de grasa marrón a partir de sus precursoras.
Spiegelman utilizó este sistema -un par de proteínas que activan los genes específicos de este tejido- para convertir células de piel tanto de ratón como humanas en células de grasa marrón.
Las células de grasa marrón tienen un rol muy diferente de las de la mejor conocida grasa blanca. Las de grasa blanca almacenan grasa; las de grasa marrón la queman en forma de calor.
Los bebes tienen mucha grasa marrón para ayudarlos a mantener el calor. Hasta abril de 2009, los biólogos creían que la grasa marrón desaparecía rápidamente y no se mantenía en la adultez. Luego, el doctor Sven Enerback, de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, y otros informaron que algún tejido de grasa marrón persistía en adultos, lo que abre la posibilidad de que si las células pudieran activarse, las personas podrían quemar más grasa.
En otra línea de investigación que ahora converge con este descubrimiento, Spiegelman ha estado estudiando las células de grasa blanca del cuerpo y cómo se controlan. En 1994, él descubrió el regulador maestro de las células de grasa blanca. Volvió entonces su interés hacia las células de grasa marrón siguiendo la creencia general de que éstas derivaban de la grasa blanca.
Parecía que un elemento clave para la creación de las células de grasa marrón era un tipo de proteína llamada "dedo de zinc" (porque ingresa en la molécula espiral de ADN y activa ciertos genes). Spiegelman pensó que si inactivaba todas las proteínas relevantes de las células de grasa marrón, éstas debían reconvertirse en sus precursoras, las células de grasa blanca.
El experimento resultó. Las células de grasa marrón se revirtieron a su estado anterior. Pero no a células de grasa blanca, sino que se convirtieron en células musculares.
"Fue el experimento más extraño que haya hecho", dijo Spiegelman.
Su descubrimiento de que las células musculares son las precursoras naturales de las de grasa marrón fue el año último. Spiegelman ahora descubrió que la proteína de zinc, en combinación con una segunda proteína producida por las células musculares, es el regulador maestro de las células de grasa marrón y convierte células de la piel en grasa marrón, aunque éste no es el proceso previsto por la naturaleza.
Spiegelman utilizó este mecanismo para convertir células de ratón en células de grasa marrón, que parecen funcionar según lo esperado cuando se las trasplanta a ratones normales. Ahora, el científico está trabajando en un segundo experimento, una prueba crucial para la posibilidad de una terapia, en la que quiere ver qué pasa cuando las células de grasa marrón se implantan en ratones obesos.
Cuando se le preguntó si los roedores adelgazan, el investigador respondió que los resultados hasta ahora son estimulantes, pero declinó avanzar con más precisiones con la excusa de que los editores de la revista científica en la que se publicarán no estarán muy contentos si da a conocer los hallazgos antes de la publicación.
Un procedimiento similar podría utilizarse en las personas, dijo, si los experimentos en ratones fueran positivos. Posteriores descubrimientos podrían producir la proteína natural que activa la formación del "dedo de zinc" y esta proteína podría convertirse en una poderosa droga para convertir células de piel en células de grasa marrón.
Enerback dijo que Spiegelman había dado un paso "realmente importante" al dilucidar la biología de las células de la grasa marrón. De acuerdo con sus cálculos, dijo Enerback, insertar entre 50 y 100 gramos de grasa marrón en una persona le permitiría quemar más de cinco kilos de grasa blanca por año.
Agregó que un enfoque terapéutico de este tipo debería permitir aumentar o disminuir un depósito de grasa marrón de acuerdo con las necesidades. Este tratamiento debería utilizarse combinado con cambios en el estilo de vida y otras intervenciones.
La grasa marrón induce a la grasa blanca a desintegrarse en ácidos grasos que son liberados al torrente sanguíneo y absorbidos por la grasa marrón. Esta última contiene grandes cantidades de mitocondrias, las baterías químicas de las células.
Las mitocondrias (que se originaron hace mucho cuando bacterias quedaron presas dentro de las células) usualmente generan una forma química de energía. Pero en la grasa marrón este proceso se interrumpe y en su lugar las mitocondrias producen calor. Dado que las mitocondrias contienen hierro, las células adoptan el tinte amarronado que les da su nombre.

FUENTE: Nicolas Wade - The New York Times

miércoles, 29 de julio de 2009

Buen comer es bien vivir

Dr. Norberto D`Angelo
Sin duda, el placer de la buena mesa es una de las razones que hace suponer a muchas personas que la vida es digna de ser vivida. No estamos en desacuerdo, pero conocer algunas reglas sencillas acerca del Buen Comer, podría potenciar tal placer.
Ante todo, coincidimos con las experiencias que demuestran la importancia de una dieta restringida en grasas animales y balanceada en hidratos de carbono y proteínas.
Las comidas que ingerimos diariamente son nuestro patrimonio en salud, y por lo tanto como todo patrimonio, debe ser cuidado, si es que a él queremos recurrir cuando nos hace falta.
La exaltación desmesurada del paladar a través de pródigas proporciones en los agregados a la preparación de los alimentos, tal como suelen proponerlo algunos cocineros, de aparición frecuente en los programas de televisión y en la prensa escrita, no hacen más que fomentar una práctica hedonista en nuestra forma de alimentarnos.
Los placeres que si debemos darle a nuestro cuerpo son mucho más sutiles y es necesario aprender a conocerlos.
De las enfermedades se sabe hoy mucho más que antes. En especial las que deterioran la esfera neurocognitiva y que se deben, en un alto porcentaje de los casos, al imprudente descuido de ese patrimonio al que aludimos.
Es muy frecuente ver, cuando observamos comer a algunas personas, como agregan sin probar los alimentos, condimentos de todo tipo, especialmente sal. Lo que se logra con tales preparaciones es, ante todo, un real embotamiento del sentido del gusto, que no nos permite registrar las diferencias de sabores de los que está compuesta nuestra comida.
Si nos encontramos frente a la alternativa de tener que hacer una dieta específica, que atienda a resguardar nuestra salud , no se tendrán demasiadas chances de mantener tales ingredientes.
Las quejas y el desagrado por tener que cumplir con una alimentación que no encontramos “gustosa” y a la que no estamos acostumbrados, serán el principal obstáculo a superar para lograr reparar y mantener una vida de salud alimentaria.
Comer bien, no es entonces, deformar caprichosamente nuestras apetencias, sino más bien educar nuestro paladar para poder registrar el verdadero gusto de las comidas.
De allí en más, nuestro patrimonio de salud, estará a resguardo. Es el mismo resguardo necesario, por ejemplo, para preservar nuestros recursos económicos.
Bueno será en fin, tener en cuenta estos conceptos, para no representar en las estadísticas de salud, el llamado “lote testigo”.#
#fuera del protocolo de investigación.

jueves, 16 de julio de 2009

El sueño de la mariposa

Chuang-Tse, filósofo chino, cuenta: "Una vez soñé que era una mariposa. Al despertar me pregunté si en verdad había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que había soñado que era Chuang-Tse".
La metáfora es maravillosa. Pero habría que preguntarse para qué nos sirve en una realidad que no tiene nada de metafórica. Que nos muestra como ciudadanos argentinos sometidos- porque así lo hemos decidido- a los designios de los políticos que arrancan hojas de la Constitución como quien arranca hojas del calendario. (Lo que no deja de ser otra metáfora).
Pienso que puede servirnos para profundizar en lo que intentamos ser de verdad y no en lo que fantaseamos que somos. O para dejar de ser aquella construcción edificada en torno a los deseos de los otros. Sean políticos o no. Lo malo es que, en verdad, muchos hemos dejado de desear.
Tal como me dijo una alumna, hace ya mucho tiempo: "Mariano, en la escuela de monjas me quitaron hasta el deseo de desear".