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miércoles, 24 de abril de 2013

El Clima Cultural de una época




H. Arendt, percibía lo político como un espacio de libertad y deliberación pública. Otros, en nuestros días sobretodo, lo consideran un espacio de poder, conflicto y antagonismo.
Es un buen ejercicio, tratar de ubicar en una u otra categoría, a cada gobierno o propuesta política  que se sucede en la Argentina. Podría evitarnos cometer más de un error; sobre todo en tiempos electorales.  
Estas diferentes posiciones ideológicas se deben a que el clima intelectual y cultural  de esta época permite marchar tanto hacia una dirección como hacia la otra. Lo demás es cuestión de elección. Sólo que al elegir, inclusive al elegir como simple ciudadano de a pie, hay que recordar que todo orden es político, hasta el que queremos mantener en nuestra propia casa. Y se basa siempre en alguna forma de exclusión. Lo que significa que algunas cosas está permitido hacer y otras, no.
De manera que más temprano que tarde, como ciudadanos, tenemos que decidir cuanta exclusión por parte del poder político de turno es lógico que soportemos, en una sociedad democrática.

Vidas con Sentido




Si queremos vidas largas, con un poco de suerte genética, alimentación razonable, ejercicio y la ayuda de la ciencia, podemos lograrlo. Pero... ¿Largas, para qué?
Para muchos la respuesta puede consistir en lograr poder, dinero, reconocimiento social, éxito, acumular objetos o saberes e, inclusive, seguridad. En proporciones difíciles de precisar, tales cosas son admisibles, sobretodo en Occidente. El asunto es que suelen convertirse en fines en sí mismos y no en medios para alcanzar una vida significativa.
(Sentido y significado difieren entre sí. Lo significativo para cada uno de nosotros aparece cuando le podemos encontrar un sentido que identificamos bien, a todo lo que hacemos).
De manera que el desafío consiste en construirse- y ayudar a construir a otros- un mundo pleno de sentidos identificados. No estamos pintados: para algo somos maestros, padres o, sencillamente, ciudadanos.
Preguntémoslo otra vez y de manera ligeramente diferente... ¿qué es vivir? ¿Cuáles son las cosas de veras preciadas y necesarias? Arriesguemos algunas respuestas: la amistad y su cultivo, las aficiones creativas, el tiempo para la charla y la comunicación con los seres queridos, la atención a la salud corporal y espiritual, el desarrollo del potencial emocional e intelectual.

 

miércoles, 16 de enero de 2013



TODO LO QUE VALE LA PENA,  MERECE PENSARSE OTRA VEZ
     
Probablemente por demandas políticas, epistemológicas e históricas, en los últimos años, han aumentado las discusiones y publicaciones que manifestaban, en diferentes artículos y ensayos. la preocupación sobre la identidad cultural de la Educación Física. 
El tema es apasionante pero dista de admitir interpretaciones sencillas. Por eso, analizaremos algunos aspectos que merecen considerarse dando por admitido que algunos de los problemas de  identidad de la disciplina se debieron a su dependencia con respecto a otras ciencias más “establecidas” o justificadas. Lo que nos impidió tocar por música en instrumentos propios y nos llevó a tocar de oído en instrumentos prestados.
Inclusive ha sido frecuente que la Educación Física estratégico siguiese un esquema frecuente en el campo de la política: inventarse enemigos para afianzar la identidad.
Diré, para comenzar, que toda búsqueda de identidad cultural, de su proyección y de su aliento, puede ser perfectamente válida. Pero puede conducirnos a extremos nada recomendables, como cada vez que se restringe el pensamiento complejo, por ejemplo.
Como parte de ese pensar otra vez todo aquello que vale la pena, sugiero que puede haber algo profundamente equivocado en las ansias por una identidad (es decir por la búsqueda de una singularidad) tan fuerte como para que nos lleve a anteponer lo que somos a lo que hacemos.
Porque eso facilita que nuestras búsquedas identitarias primen sobre nuestras intervenciones en las prácticas. Se corre el peligro de que nuestro impulso por definiciones de nosotros mismos y por la afirmación de nuestro prestigio social, determinen nuestras estrategias al dar clases.
Me parece necesario invertir esas jerarquías e insistir en que cada sujeto “es hijo de sus obras”; que seremos según actuemos.
Un espacio de identidad severamente demarcado, puede evitarnos ser meros trasmisores de saberes construidos en otros lado, pero su exageración puede llevar  a convertirnos en repetidores autoritarios sin la menor autoría, desconfiados cuando no represores de las preguntas por las que asoma la cultura cotidiana de nuestros alumnos, imposibilitados de cruzar barreras culturales y sumergirnos, por ejemplo, en las relaciones de la educación corporal con la ética y la estética.
 Una frase que repito por lo gráfica que es, reza:”Los campos cercados son para el ganado”. Tener muy en claro a qué nos dedicamos es, de verdad,  muy necesario. Pero ser un maestro del cuerpo capaz de enfrentar el desafío del cuerpo a cuerpo que implica la educación actual, significa que seamos capaces de transformarnos  en mediadores entre las muy diversas culturas que habitan hoy los alumnos, en preguntadores que familiaricen a niños y adolescentes con saberes habitados por incertidumbres e interrogantes que abren el tema del cuerpo a la innovación y la invención, en cruzadores de fronteras sociales, políticas, étnicas, religiosas, sexuales, y en facilitadores del intercambio de diálogos entre el cuerpo, la ciencia el arte y la historia.
Limitar el conjunto de intervenciones que realizamos a lo que se supone que nos define puede restringir severamente nuestra propuesta. Si insistimos en que también seremos según hayamos actuado, podemos ganar dos cosas.

1.  En primer lugar, abrir nuestra identidad a otras identidades, a otras formas posibles de ser. Existe, sin duda, un conflicto entre identidad y diferencia  en cada uno de nosotros. El auténtico desafío consiste en desplazar, hasta un cierto punto, la lógica de la identidad y confiar en la diferencia. Sin dejar de ser uno mismo. 

2.  En segundo lugar, inaugurar el espacio ético de la responsabilidad, que la Educación Corporal comparte con todas las otras disciplinas escolares. Un espacio con fuerte impronta ontológica  porque ante las incrementadas capacidades del hombre sobre el medio natural, sobre la propia especie y sobre otras especies se requiere una multiplicada responsabilidad. Nuevas capacidades han demandado siempre nuevas responsabilidades y en torno a ese binomio capacidad-responsabilidad nuestra especie ha ido tejiendo su historia.

 

miércoles, 25 de julio de 2012

De 1200 a 6000 calorías: ¿cómo se alimenta un atleta olímpico?


Es lo que come un deportista, según su especialidad; mirá cómo es el comedor de la Villa, donde se sirven hasta 60 mil platos por día y hay un Mc Donalds. Por Alejo Vetere / Enviado especial para el diario La Nación

LONDRES.- En el comedor de la villa olímpica pueden compartir un almuerzo hasta 5 mil atletas a la vez. Para dimensionar el tamaño habrá que pensar en el patio de comidas de cualquier shopping, aunque seguramente sea escasa la comparación. Entran y salen deportistas de todo el mundo y según su deseo se direccionan a los distintos mostradores, en donde se sirven hasta 60 mil platos por día. En un rincón del inmenso salón, Mc Donalds -uno de los sponsors de los Juegos-, ofrece sus clásicos menúes; seguramente, la opción que eligen los menos rigurosos con las dietas de alto rendimiento. 
Según cada deporte, los habitantes de la Villa Olímpica pueden encuadrarse en grupos de alto consumo energético (6000 o más calorías por día) como los nadadores, ciclistas, remeros o basquetbolistas, o los grupos de bajo consumo energético (1200 calorías por día) como las bailarinas, las patinadoras, o las gimnastas. La alimentación no es un tema menor para los que conviven en la ciudad olímpica y son muchos los que se tientan con pasar y llevarse una hamburguesa completa con papas frítas, menú que aporta, nada más y nada menos, unas 1000 calorías. 
Para una correcta respuesta física hay que tener en cuenta factores tales como el tamaño corporal, la edad, el sexo, el desentrenamiento y el período de entrenamiento. ¿Qué debe comer, entonces, un deportista durante un Juego Olímpico? "Una correcta ingesta energética permite que el atleta conserve un peso adecuado y permitirá que optimice su rendimiento deportivo. Así podemos hablar del estrecho vínculo entre una dieta equilibrada, el rendimiento, y la salud del atleta", explica el Doctor Héctor Kunik, Presidente de la Asociación Metropolitana del Deporte. "El esquema nutricional de un deportista es una ecuación matemática en la que la ingesta energética y el gasto calórico deben equilibrarse. Para hacer posible este logro deberá entrenarse y consumir alimentos variados con proporciones adecuadas de hidratos de carbono, grasas y proteínas que cumplan con las funciones energéticas requeridas", amplía Kunik. 
El combo de Mc Donalds es gratis para todos. En Pekín, se pagaba, era como un servicio adicional. Aquí, no. Hay combos comunes y la diferencia es que hay más hamburguesas de pollo como opciones. Los helados salen bastante.
Para José Meolans, nadador argentino que compitió en los Juegos de Atlanta 1996, Sydney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008, lo fundamental es la dieta equilibrada: "No recuerdo cuántas calorías comía yo, pero confiaba mucho en mi nutricionista y los profesionales que trabajaban conmigo. Lo fundamental es comer sano", explica. "Al entrenar de cuatro a seis horas por día te podés dar el lujo de comer una hamburguesa sin que pase nada", opina. Sin embargo, advierte sobre repetir una mala alimentación en forma sistemática: "Con el paso del tiempo lo vas notando, pero si una semana no comiste adecuadamente, llegás al fin de esa semana más cansado que de costumbre". 
El problema se nota cuando se abandona el deporte y se mantiene la ingesta de calorías en abundancia, como si la persona conservara la identidad de atleta. "El resultado es evidente: incremento del peso corporal y desarrollo de patologías tales como la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial o el aumento de los valores del colesterol; todo ello se traduce en la tendencia a generar situaciones que ponen en riesgo la vida. En estos casos el atleta deja de serlo para convertirse en un paciente", concluye Kunik. 
El gran comedor olímpico se divide según las costumbres culinarias: "Europa, Mediterránea y América", "Africa y Caribe", "India y Asia" y "lo mejor de la comida inglesa".

jueves, 19 de julio de 2012

Justicia


De una u otra forma, la mayoría de los adultos estamos atravesados por la relación que mantenemos con la ley o la justicia. No necesitamos ser especialistas en la perspectiva jurídica para tener inscriptas en nosotros esas nociones. Tal inscripción nos  lleva a reflexionar sobre esos mojones en el camino, que nos ayudan a tomar decisiones, a los que llamamos valores.
¿Quién no siente horror, cuando no solo no se aplica la ley y la justicia no opera, sino también  cuando nuestros gobernantes y autoridades la evaden descaradamente? Incluso el odio puede llegar a filtrarse, por lamentable que sea, porque siendo sujetos éticos, habiendo renunciado a satisfacer una buena cantidad de nuestros  deseos, habiendo logrado convertirnos en seres que no atentan contra el semejante, la ley o la justicia, esperamos que se tome en cuenta esa diferencia, a la hora de premiar o castigar. En última instancia seguimos esperando que la sociedad sancione en la dirección de nuestra renuncia, para poder sostenerla.
Pareciera que, en la Argentina, la espera se torna ya insoportable. Resulta llamativo como la violencia se liga a la impunidad e impacta a todos los grupos sociales. Para los educadores, la falta de una mínima normatividad ética  en niños y adolescentes nos impacta especialmente. Sobre todo porque afecta tanto a los híper enseñados- aquellos que han disfrutado de todos los cuidados materiales de la educación, pero tienen padres ausentes- como a los híper humillados, los eternos destinados a los circuitos de la pobreza y la exclusión, cuyos padres también ausentes, lo están por otras causas..
Todos ellos, hijos huérfanos de padres vivos, claman por una ayuda que un Estado agotado casi no les proporciona. Ni tampoco las instituciones llamadas disciplinarias que aseguran el funcionamiento de ese Estado Nación, tales como la familia, la escuela, la Universidad o el ejército.
Esto de un Estado debilitado puede, en nuestros días, sonar contradictorio. No lo es. Puede coexistir un partido triunfante en elecciones democráticas, que se hace cargo del poder  y lleva adelante un gobierno fuerte. Pero en el marco de un Estado débil, cuyas instituciones, como acabamos de decir, no funcionan o funcionan mal. Tan mal como la democrática división del Poder Legislativo, Judicial y Ejecutivo.
 Con un Estado agotado que no provee de ayuda para encauzar el pensar de la sociedad, una escuela que no forma ciudadanos y una familia que no trasmite el valor de la ley y de los límites… ¿cómo se puede ser un niño o un adolescente hoy?
¿Cómo podemos nosotros, los maestros del cuerpo, enseñar el sentido de la regla al jugar, si los chicos desconocen la ley, ese verdadero pacto para funcionar? ¿Si tienen tremendas dificultades para comprender que la práctica de los juegos deportivos y los deportes, requieren respetar el principio de  que “así no se puede” pero de todas estas otras formas “sí se puede”?
¿No será que cualquiera que sean los saberes corporales que enseñemos, la técnica más importante que debe  atravesar todo lo que trasmitamos es aquella que permite incorporar al jugar el sentido de la regla y de la ley, en el marco del respeto a uno mismo y a los demás?
Por Mariano Giraldes

miércoles, 11 de julio de 2012

El entrenamiento funcional de los himba

Los Himba son una etnia que habita el norte de Namibia, en el continente africano. Calculo que vivían muy felices, hasta que la gente de “perdidos en la tribu” llegó para mostrar sus costumbres, tan opuestas a las de las sus visitantes. El reality trata de trasplantar una familia de Buenos Aires a una aldea africana y convivir, tratando de asimilar sus costumbres cotidianas. Los escenarios son francamente atrapantes. Pero lo que me llamó la atención, fue un capítulo en especial.
La idea era que cada familia mostrara las actividades físicas que realizaban durante el día. Principalmente los más jóvenes.
Los Himba, jugaron carreras corriendo y en mulas. Simularon luchas cuerpo a cuerpo, y saltaron , con envidiable facilidad. Era el turno de las chicas argentinas de mostrar su motricidad cotidiana.
Quiero creer que fue una idea de la producción: armaron una clase de step. Si, tal cual. Música, unas mancuernitas, cajón de plástico para las chicas, piedras planas para los himba (civilización y barbarie )y comenzó la clase. Dirigida por las improvisadas instructoras, que al decir verdad no distaban mucho de lo que vemos en la mayoría de los gimnasios. Uno , dos ,arriba del banco , abajo, todos parejitos. Los chicos africanos fueron muy respetuosos, y hacían que los rígidos movimientos parecieran un poco más sutiles y graciosos. Pero sus rostros no mentían. Y sus palabras tampoco, cuando les preguntaron si les había gustado la clase. Nooo, dijeron a coro los consultados. Incrédulos, los cronistas le siguieron preguntando. Entonces agregó: no entendí que hacía, ni para que servía, tampoco fue divertido... Me suena familiar, dije desde el sillón de mi casa. Cuantas veces lo habrá dicho algún alumno de una clase mía...? No creo estar invicto de críticas similares. Sentí cierta incomodidad solidaria con las improvisadas instructoras.
Una anécdota si se quiere, trivial, hasta graciosa, me llevó a reflexionar sobre el hacer del profesor, el alumno y cuál es el producto final de esa interacción en la actualidad. Y creo que hay algunos puntos sobre los que tendríamos que repensar nuestra labor como docentes:
-La corporalidad de los Himbas: más auténtica y real que la de la mayoría de los habitantes de las grandes ciudades. Sus juegos son realmente “funcionales”a las tareas que realizan durante el día. Cuidar el ganado, transportar cargas, hacer grandes distancias a pie, competir en el juego de seducción del sexo opuesto, defenderse. ¿Para qué subir y bajar un escalón cientos de veces , si el ámbito es una llanura casi exasperante. Tampoco los divierte llevar pesitas insignificantes, cuando lo que necesitan es levantar un cuenco con diez litros de agua sobre la cabeza (lo hacen las mujeres, en teoría el sexo débil) Y cuando se recrean, no olvidan ni el ritmo ni la danza.
Nuestras clases quizás deberían contemplar esta racionalidad, y prepararnos para la proeza de estar cuatro horas sentados frente a una pantalla, no caminar más de cien pasos por día y tener al alcance de la mano, mas alimento del que necesitamos.
-La globalización del movimiento: las chicas porteñas mostraron una clase inspirada en un modelo calisténico americano, actualizada a través de un rítmo pop latino pegadizo, en una aldea africana. ¿Qué mezcla no? –Entonces ponemos un tango y listo- argumentaría alguien en un intento de simplificar la cuestión. Podría ser o no. No creo tener una respuesta definitiva. Pero sería un buen punto de partida, reflexionar como absorbemos acríticamente, profesores y alumnos, las modas y tendencias con que la industria del fitness nos inunda día a día, convirtiéndonos en damnificados de las más variadas irracionalidades.
-La rigidización del fitness:  acudimos a una excesiva simplificación de las sesiones, que no enriquecen la motricidad del alumno. Se priorizan los elementos supuestamente novedosos, tal vez para darnos cierto aire de actualizados, limitando la riqueza y sutileza de movimiento del alumno. Y muchas veces lo que es peor, su significación. Si a esto le agregamos el sedentarismo cotidiano, producto de los cambios tecnológicos, en un tiempo no muy lejano, la relación entre el cuerpo y el movimiento, será otra, e intuyo, mucho más pobre.
Ante tanto marketing, métodos y sistemas, quisiera rescatar la lección de los himba. Sus cuerpos en movimiento, hablan por si mismos. Armonía, eficienciencia,y elegancia, son atributos que cualquier docente desearía lograr en sus clases. Ellos lo logran, y encima, se divierten.

El autor, Miguel Ordoñez es Profesor de Educación Física y vive, actualmente, en Rosario.

martes, 10 de abril de 2012

La obsesión argentina por el relato

Cómo Humpty Dumpty permite comprender el discurso político.

Las teorías lingüísticas del personaje infantil Humpty Dumpty son un asunto muy serio, aunque su figura provoca desconcierto: tiene forma de huevo con ojos, nariz y boca humanos, usa camisa, corbata, pantalones y zapatos.

Humpty Dumpty nació en Inglaterra en el siglo XIX. Al principio fue un acertijo y luego una rima y canción infantil, pero, según la tradición francesa, ya formaba parte de los Cuentos de Mamá Oca que se remontan al siglo XVII. Charles Perrault recopiló varios de aquellos relatos anónimos en su libro Historias o Cuentos del tiempo pasado , pero ahí Humpty Dumpty no aparece. Al pedante huevo que habla con agudeza filosófica, y que se hace pedazos al caer ruidosamente del muro en donde se había sentado, le llegó la fama con Lewis Carroll y su cuento A través del espejo y lo que Alicia encontró allí .

En el cuento, Alicia y Humpty Dumpty -traducido como Tentetieso- sostienen un diálogo efervescente:

-Cuando yo empleo una palabra -insistió Tentetieso en tono desdeñoso- significa lo que yo quiero que signifique?, ¡ni más ni menos!

-La cuestión está en saber -objetó Alicia- si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión está en saber -declaró Tentetieso- quién manda aquí?, ¡si ellas o yo!"

Este contrapunto provocó múltiples lecturas durante 140 años. Ahora yo lo reinterpreto para comprender el modo en que la palabra relato, surgida en la literatura, extendió su horizonte semántico al campo de la política. Como si Humpty Dumpty hubiera dicho: ¡Yo quiero que la palabra relato signifique "discurso político"!, y ya está, le hicimos caso: ahora el relato es un río de argumentos políticos que participan de la lucha por el poder, y es un conjunto de procedimientos narrativos y discursivos donde confluyen palabras, imágenes, actos y gestos públicos, emblemas y símbolos, espectáculos y otros modos de comunicación masiva. El relato político busca la masividad para lograr la construcción hegemónica de sentido y de realidad.

Pero la zambullida semántica del relato en el tumultuoso mar de la política crea graves contradicciones. El significado de las palabras es imposible de gobernar por capricho, aunque Humpty Dumpty diga lo contrario. La lengua no es propiedad de alguien en particular sino que es un patrimonio colectivo, social, y el significado primordial de las palabras suele permanecer latente más allá de los vaivenes del habla. Las contradicciones aparecen cuando las virtudes del relato literario, transferidas al relato político, se convierten en graves defectos que hieren su sentido y significación.

Lo aclaro: para mí el relato político es un género narrativo que se organiza con estrategias discursivas pertenecientes al terreno de la ficción. Es más: el relato político, surja de donde surja, es una ficción que quiere reemplazar la realidad y la verdad. Y para lograrlo se construye y se hace circular según las reglas de toda lucha por el poder: debe actuar como una herramienta de combate adaptable y manipulable según las necesidades políticas. Por eso hay un relato para cada tiempo y circunstancia.

Aprovecho algunas escenas literarias para explicar lo que pienso.

El relato -que deriva del latín relatus - es una forma narrativa que hunde sus raíces en lo más hondo de los tiempos. Es hermano gemelo del cuento y muchas veces ambos actúan como sinónimos. El relato también tiene lazos sanguíneos con el mito, la leyenda y las crónicas. Por ejemplo: el texto escrito más antiguo de la historia que se conserva es La Epopeya de Gilgamesh , una saga mitológica que tiene más de 3500 años y que se creó mediante la reelaboración de diferentes relatos míticos y legendarios, de origen sumerio y acadio, que giran en torno del héroe Gilgamesh y su dramática búsqueda de la gloria y de la inmortalidad.

El relato como narración o cuento se desarrolló de modo mestizo, híbrido, conjuga fantasía y realidad y es subjetivo, simbólico, metafórico. Reformula experiencias individuales y colectivas de acuerdo con las creencias y deseos del que cuenta y no según la verdad de los hechos narrados. El relato no es un testimonio judicial ni una declaración jurada. Es una ficción, aunque el narrador asegure que "los hechos ocurrieron así". Luego de leer y releer el Relato de un náufrago todavía no logro descifrar dónde está lo cierto y dónde lo imaginado por Gabriel García Márquez, y eso si hay algo cierto en el relato.

Lewis Carroll defendió con énfasis -en su obra Lógica simbólica - la relación se-mántica entre las palabras y la realidad que surge de la teoría de Humpty Dumpty: "Si un autor declara al comienzo de su libro «convengamos en que cuando yo digo negro significaré siempre blanco y que cuando diga blanco significaré siempre negro», yo aceptaré sin discutir esa convención, por arbitraria que me parezca".

Carroll se ubica sin equívocos en el vasto mar de la literatura, en donde los códigos de la ficción permiten que el narrador gobierne con arbitrariedad las normas y reglas del lenguaje. Pero en la realidad cotidiana, en nuestra vida de todos los días, los caprichos semánticos reproducen el caos de la Torre de Babel. Nadie puede manipular sin ton ni son el significado de las palabras sin chocar con las paredes. Tampoco la política.

La capacidad del relato político de construir versiones alternativas de la realidad y la historia se funda sobre la posibilidad que existe de reinterpretar y transmutar el sentido del pasado y sus lazos con el presente. El famoso escritor norteamericano Theodore Sturgeon, autor de poéticas novelas y relatos de fantasía científica, acuñó una frase que se conoce como La Ley de Sturgeon. La frase dice: Nothing is always absolutely so , que traducido significa: "Nada es siempre absolutamente así". La versión argentina de la Ley de Sturgeon es el insólito: "Eso no es tan así", lo que implica que las cosas pueden ser más o menos de otro modo. Pero atención que Sturgeon se refería a la literatura, donde la realidad puede subvertirse y trastocarse sin límites. Si nada es siempre absolutamente así, los escritores pueden contar las cosas a su antojo y cada versión será un relato distinto. La vida de Jesús fue narrada de modo muy diverso y magistral por los novelistas Norman Mailer, José Saramago y Robert Graves.

Pero, en el fragor del relato político, la Ley de Sturgeon disuelve las certezas, erosiona las convicciones, relativiza las verdades y vuelve opacas las certidumbres. No hay modo cierto de saber cómo son las cosas porque siempre pueden ser de otro modo. Es el maravilloso reino de la subjetividad y la perspectiva, tan propio de nuestros tiempos posmodernos. También es el mundo del "yo digo lo que quiero decir y las cosas son como yo digo" que propone Humpty Dumpty. Así es como el relato siempre queda impregnado por la subjetividad del relator porque no existe un relator objetivo. El "yo" que habla y enuncia siempre cuenta lo que quiere contar y calla lo que quiere callar. El silencio también forma parte del relato, y ningún relato es completo: es siempre una versión de los hechos. Incluso, el relato puede ser inverosímil o increíble: salvo los chicos, nadie imagina que El Gato con Botas o Caperucita Roja son relatos ciertos y verosímiles. Pero el relato político quiere instituirse como un relato verosímil, real y verdadero, y entonces debe transformar su naturaleza subjetiva en otra de carácter objetivo. Al hacerlo fragmenta la realidad y disfraza la verdad.

Advertencia: los cultores del relato político deben saber que la cualidad revolucio-naria de las palabras y el discurso no se sujeta al poder autócrata de quien los enuncia sino a la libre interpretación de quien los escucha. A eso se refiere Alicia cuando le responde a Humpty Dumpty: "La cuestión está en saber si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes".

Ni siquiera Humpty Dumpty pudo. ¿Alguien puede?

En Las ciudades invisibles, Italo Calvino incluye media docena de veces la palabra relato para referirse al modo en que Marco Polo le cuenta sus viajes por el mundo al emperador de los tártaros, Kublai Kan. El libro es de 1972 y por la lucidez de sus diálogos y reflexiones contagió el espíritu de lingüistas, filósofos y semiólogos.

En un párrafo, le dice Marco Polo al Gran Kan:

-Lo que comanda el relato no es la voz, es el oído.

-(Kublai Kan contesta) A veces me parece que tu voz me llega de lejos, mientras soy prisionero de un presente vistoso e invisible?

Y en otro tramo del libro leemos lo que cuenta el narrador:

"Con el paso del tiempo, en los relatos de Marco Polo las palabras fueron sustitu-yendo los objetos y los gestos?"

Acá tal vez haya una premonición: quizás el relato político busca sustituir la realidad por las palabras para que todos quedemos presos de un presente vistoso e invisible; y tal vez busca reemplazar la historia por el discurso, y desplazar la verdad para instaurar el dogmatismo, y distorsionar la memoria para entronizar una leyenda. Pero en la naturaleza del relato está inscripto su destino de ficción y a eso se refiere la bella Seküre en las últimas dos líneas de la novela Me llamo rojo , del premio Nobel Orhan Pamuk: "Porque no hay mentira a la que no sea capaz de recurrir con tal de que la historia sea hermosa y nos la creamos".

Diario La Nación del Sábado 7 de abril de 2012. Autor: Carlos Balmaceda