Buscar este blog

viernes, 27 de agosto de 2010

La novia que nunca pude tener

El profesor Juan Pablo Novo, cursó conmigo el Seminario "Teoría y Práctica de la gimnasia"que corresponde a la Maestría en Educación Corporal de la Universidad de La Plata. Como trabajo práctico de ese Seminario me envió "La novia que nunca pude tener", un escrito con decidido acento autobiográfico que me gustó mucho. Con su autorización lo publico en el blog porque pienso que puede ser muy interesante para otros profesores, a quienes, como a él, no los ayudaron a descubrir el placer por la gimnasia ni a encontrarle un sentido.
Mariano Giraldes.


Para desarrollar mi particular interpretación del seminario, lo más leal posible, no puedo dejar de contar cual fue mi “historia corporal” en lo que refiere a las prácticas gimnásticas, historia que había instaurado en mí una forma de ver y sentir dichas vivencias como negativas y poco educativas para mí y para cualquier otro sujeto que las lleve a cabo.
Si me remonto a mi tránsito por la Escuela Primaria, compartida entre La Plata y Junín, las sensaciones que me invaden mientras escribo estas líneas mezclan la angustia, la frustración, el “castigo corporal”, ser el “menos apto o, peor aún, que mis condiciones genéticas de talla y envergadura me alejaban vincularmente de la gimnasia. Mis clases de Educación Física se destinaban a practicar destrezas sobre colchoneta, una catarata de roles, verticales, medialunas y hasta un inaccesible rondó formaban parte de una monótona y hostigadora práctica corporal.
Todo esto tenía un fin específico: presentar en la fiesta de fin de año escolar todo lo que habíamos desarrollado en la clase, en donde año tras año repetíamos la temática y donde la gimnasia artística desechaba cualquier otra posibilidad de acción
La pseudo dinámica de las clases para esta preparatoria se centraba en proponer hacer tal o cual habilidad gimnástica y a partir de ahí ejecutar hasta que el maestro corporal a nuestro cargo así lo desee; no puedo hablar de situaciones de enseñanza porque no se proponían arenas que propicien eso y la peor parte la llevábamos nosotros, los que NO SABÍAMOS.
Así mientras algunos compañeros míos detentaban el poder en el campo gimnástico yo me limitaba a observar las clases y a preguntarme por qué todo eso no me salía a mí; en algunos momentos recuerdos la presencia de la señorita directora, que en una especie de reto increpaba al profesor de por qué nosotros estábamos sin hacer nada.
Ahí empezamos a llevar a cabo las saludables pirámides humanas y por supuesto, mi contextura física me derivaba a las bases de las mismas, soportando con mi columna vertebral inmadura los kilos de los “gimnastas” sobre mí. Así todos participábamos de alguna forma y en esa instancia el profesor se volvía casi incuestionable dentro de la institución. Que distinta hubiese sido mi amistad con la gimnasia hoy si mi maestro me hubiese respetado como sujeto, con mi irrepetible corporeidad, intentando que pasara por mí estas gimnasias y no a descartarme porque no las ejecutaba con la sutileza que se requería; o peor aún, porque implicaba mucho trabajo el arte de enseñar a un grandote porque todo le costaba más.
El camino en la escuela secundaria me hizo olvidar un poco de los miedos y frustraciones vividas y a disfrutar un poco más de las clases; los deportes escolares eran parte constitutiva al ciento por ciento de nuestras tardes y ahí todo fue diferente. Mi pasión por el cuerpo y las prácticas vinculadas con él llevaron a despertar en mí la vocación por ser profesor de Educación Física, interés que se consolidó en los dos últimos años, previo al ingreso en el Profesorado de Educación Física.
Mi maestro nos inculcaba todo el tiempo la no necesidad de ser un juvenil especialista para poder practicar las modalidades que se nos planteaban y así todos formábamos parte (aunque a muchos la Educación Física no les interesaba, la relación con el profesor era tal que se predisponían a participar activamente de la misma).
Luego de culminar mis estudios secundarios ingreso al Profesorado de Educación Física que funciona en el I.S.F.D. y T Nº20 en la localidad de Junín, y es aquí donde empieza a tejerse uno de los puntos que más me enemistó con la gimnasia y todas sus formas posibles. Durante los tres primeros años y a modo consecutivo formé parte de las cátedras Gimnasia I, Gimnasia II y Gimnasia III enfrentándome día a día con cuestiones corporales que iban en contra de mi interés ( esto es claro por los párrafos que anteriormente se presentaron).
La planificación de la asignatura implicaba dos horas semanales durante todo el año y se organizaba en base a la ejecución de destrezas (de los simple a lo complejo, de lo fácil a lo difícil) y el análisis biomecánico de las mismas, con el anexo de diversas metodologías para cumplimentar con el aprendizaje de las mismas. Hasta este punto podríamos decir que la transmisión y construcción de saberes referidos a la gimnasia seguía un camino lógico de futuros profesores. La peor parte de la torta se lo llevaba el momento evaluativo y la relación establecida entre alumno-docente por sus destrezas gimnásticas casi exclusivamente.
Mi experiencia personal y la de muchos colegas fue internarnos, como si formáramos parte de un colegio pupilo, por horas en el gimnasio en el cual practicábamos ejercicios tras ejercicio hasta alcanzar las posturas corporales y posiciones espaciales mostradas por las alumnas o alumnos que en un su historia deportiva contaban con saberes gimnásticos, constituyéndose esto en una utopía para nosotros.
Ahí me encontraba yo y varias “bolsas de cemento” (como nos apodábamos) practicando puentes para hacer el flic fla, rolidos hacia atrás para introducirnos en el yusted y miles de ejercicios más que nos hacían compañeros inseparables de los diclofenac e ibuprofeno debido a los dolores en la columna vertebral que nos acompañaban todo el tiempo.
¿Por qué hacíamos todo esto si más que una práctica placentera era un hostigamiento? Porque lamentablemente éramos muy jóvenes y no teníamos capacidad de gestionar políticas para atentar contra esto y porque sabíamos que nuestra acreditación académica estaba directamente relacionada con una ejecución corporal que se acercara a la perfección.
¿Qué saberes pude utilizar en mi vida o como docente a estas prácticas corporales llamadas gimnasia? Con desazón y nostalgia tengo que expresar que ninguna funcionalidad tuvieron esos saberes y, por el contrario, me alejaron hasta el día de hoy de hasta ese entonces mi enemiga “LA GIMNASIA”. Varias mesas de café por medio fueron testigos de mi posicionamiento con respecto al tema y demasiadas las peleas con mis amigos “los gimnastas” en contra del planteo de dicha cátedra. EL argumento con lo cual defendían este modo de enseñar, basado en la reproducción de aprendizajes cuasi deportivos, era que el esfuerzo realizado en ese entonces iba a poder aplicarlo en algún momento de mi vida. Esta teoría tenía poros en todos lados y se olvidaba de un aspecto central en el espectro de los aprendizajes: mi interés como alumno de construir mis aprendizajes de ese modo era inexistente y no creía en el hostigamiento de mi cuerpo para entender el esfuerzo y el trabajo; sostengo que todas esas acciones pueden aprenderse en un marco que no esté cargado de tanta violencia simbólica y cultural, y que podemos ser buenos profesores sin tener que pensar en formar parte de este tipo de propuestas.
Hecha toda esta introducción, y a modo de biografía corporal, me remitiré en las siguientes líneas a desarrollar como impactó el seminario en mí y la estrechada de manos que me di con la gimnasia.
Llegué a tomar el seminario con pocas expectativas y con una finalidad no muy definida, inmerso en un marco de absolutas femineidades y sospechando que la aeróbica masiva y coreográfica se constituiría en moneda corriente de nuestros encuentros (tenía que ser sincero con usted profesor).
Por suerte estaba sumamente equivocado y la propuesta resultó sumamente significativa para mí, informándome sobre los diferentes métodos que oficiaron de hegemónicos durante diferentes momentos históricos, pasando diferentes modelos de clases de gimnasia por mi cuerpo y redescubriendo un interés hasta hoy oculto por la gimnasia, que dista de manera abrumadora sobre la gimnasia que en mi formación me mostraron y las que corporicé en diferentes gimnasios a los que asistí.
En mi formación tuve un especial deseo de construir saberes relacionados con la gimnasia correctiva y la ergonomía por todas las patologías e inconvenientes posturales que traía el desconocimiento en éstas áreas, llevando en mi trabajo cotidiano a cumplir con evaluaciones posturales reiteradas y a contribuir con las personas y su relación con el propio cuerpo. A partir de los encuentros en el seminario pude repensar nuevamente estos espacios de conocimientos e interiorizarme con las tendencias actuales.
El objetivo personal de tomar parte de la formación de posgrado se centra específicamente en mejorar mi manera de pensar las prácticas corporales en mis clases de educación física y revertir paulatinamente nuestra imagen social hegemónica; por otro lado, mi pensamiento idealista de que la Educación Física es la disciplina que más saberes produce con respecto a las otras, en todos los sujetos que forman parte de ella, también me motivó a iniciarme en este camino.
Todas las actividades planteadas en el seminario pueden extrapolarse y tomar forma propia en cualquier otro espacio en la que se proponga, por eso no puedo hablar de cómo voy a aplicarlo porque me llevaría una extensión de hojas que escapan al objeto de este escrito. Lo que si puedo manifestar es que, por lo pronto, muchas de las configuraciones de movimientos planteadas serán propiciadas por mí en mis clases de Educación Física de 1 y 2do año de la ESB y en la Colonia de Vacaciones del Club Los Miuras (espacios en los cuales trabajo), accediendo a las modificaciones y reestructuraciones que las mismas ameriten.
Lo que sí estoy pensando es en la posibilidad de proponer clases de gimnasia para varones y mujeres adultos que participen de las actividades de verano del club, y esto fue una movilización provocada por nuestros encuentros, por entender y recibir el mensaje de que no tenemos que ser bailarines ni vestirnos para una cultura mass- mediática para llevar a cabo una clase de gimnasia aeróbica.
Por eso quiero contarles que hoy pude reconciliarme con la gimnasia y con todas sus formas de movimiento, aunque guardo un cierto rencor con la rama artística, y creo que en un futuro no muy lejano llegaremos a ser grandes amigos.
Mucho tuvieron que ver en esto mis compañeros de seminario, sus consejos, sus opiniones, sus saberes, sus corporeidades; también al maestro que nos entregó su saber incondicionalmente sin ocultar absolutamente nada y haciéndonos formar parte de sus ideas en una absoluta democracia corporal.
¡¡A todos ellos mis más profundos agradecimientos!!

viernes, 23 de julio de 2010

NO HAY GIMNASIA: Hay gimnasias, en plural.

Han existido muchas maneras de encarar esa práctica que llamamos gimnasia.
Su historia, que la tiene, ha registrado una inmensa cantidad de métodos y maestros sobresalientes que inclusive le han puesto su nombre a tales métodos. Son bien conocidas diferentes escuelas, con gran variedad de técnicas y argumentos para justificar su existencia, argumentos que provenían- y provienen- del arte, de la ciencia, de la filosofía y de la política.
Dado que tales propuestas se originaron en contextos culturales e históricos también cambiantes, se justifica que hablemos en plural sobre ellas.
Y también que digamos que la gimnasia, como otras prácticas sociales, profundamente influenciadas por los mencionados contextos, no es, sino que está siendo. Está en evolución y cambio permanente.
Muchos aceptarían, como aproximación a una definición, decir que gimnasia es una serie de técnicas destinadas a mejorar el cuerpo. No está mal. Pero es claramente insuficiente. Sucede que ella, tal como otros objetos, ha sido especialmente reacia a dejarse definir.
La cosa cambia si decimos que es una práctica sistemática e intencionada de construcción y mejoramiento de una manera corporal de andar por la vida. Siendo, en consecuencia, constitutiva de lo que podríamos llamar el sí mismo.
Concepto, éste último, poco familiar al que nos iremos aproximando, dado que ese es, precisamente, el aspecto sobre el cual me interesa reflexionar.

La gimnasia como disciplinamiento a través del cuerpo.
Ha sido a través de los escritos de Foucault que en nuestro campo comenzamos a repensar algunas prácticas corporales, fuertemente prescriptivas como la gimnasia, como una técnica de disciplinamiento social, que colabora o puede colaborar, en la construcción de cuerpos dóciles.
Como puede sonar duro esto de cuerpos dóciles, menciono como argumento algunas características que la gimnasia ha tenido y que siguen siendo de general aceptación:
· Se procura un gesto eficaz.
· Ese gesto eficaz está prescripto de acuerdo a un modelo técnico preestablecido que ignora las posibilidades y biografías corporales de los sujetos. Y es anterior, en su concepción, a ellos mismos.
· Se basa en aspectos biomecánicos. Sobrevuela al planteo, lo que se considera normal y lo que no lo es.
· Todos los practicantes se deben mover uniformemente y al mismo ritmo. (Hubo épocas que tal uniformidad se intentó cambiar, pero volvieron a la carga en casi todas las propuestas actuales, que siguen la lógica del mercado).
· El ejercicio debe ser progresivo y cada vez más intenso.
· Los exámenes completan la función de corroborar si lo entregado se corresponde con lo alcanzado por los alumnos. Las pruebas de aptitud física tomadas al principio y al final del año, se prestan a la perfección a tal objetivo y son muy usadas para “poner una nota”.
Estas características mencionadas alcanzan para entender la pregunta que se hacía Foucault… Si no es por disciplinamiento ¿Por qué el ejercicio forma parte de la oferta que hace el sistema carcelario?
La pregunta que sugiero que pensemos nosotros es:

Punto clave: ¿pueden pensarse propuestas que incluyan criterios técnicos resignificados (como creo que deben serlo), que ayuden en esa construcción del sí mismo y que no tengan como objetivo el disciplinamiento y el control?

Dicho de otra manera, deberíamos pensar si nuestras estrategias didácticas, cuando enseñamos gimnasia, colaboran a emancipar corporalmente o no. Si ayudan a desarrollar la capacidad de ocuparse de uno mismo y de los demás o no. Se dirime si podemos afirmar que colaboramos con nuestros alumnos- en cualquier ámbito de intervención- en la construcción de un proyecto auto gestor, con marcada intención de mejorar la calidad de vida. O no.
Este ocuparse de uno mismo supone un nivel básico y uno avanzado de conocimiento personal. Que aumenta cuando, de una vez por todas, uno se decide a relacionarse inteligentemente con ese cuerpo muchas veces ignorado, tatuado por los medios, condenado a la inmovilidad y a la falta de contactos personales reales y no virtuales.
En el marco de una sociedad esclavista y con un ethos guerrero, totalmente diferente de la nuestra, los mismo griegos manejaban búsquedas parecidas a las que estoy sugiriendo, era para ellos indispensable “estar preparados” para afrontar los acontecimientos de una vida, marcada por esa realidad que les tocaba vivir.
Ese “equipamiento” para la vida, ese aprender a cuidarse y ejercitarse, ese proyecto de aprendizaje que implica autonomía, alteridad, auto conocimiento y auto control, es constitutivo del sí mismo. Implica una resistencia del yo ante las influencias disgregantes de la realidad social y cultural, que se presenta como potencialmente capaz de disgregar ese yo.
Como maestros del cuerpo es posible que no poseamos la capacidad para alterar ciertos acontecimientos propios de las sociedades líquidas, caracterizadas por un consumismo que se convierte en la búsqueda social más destacada. Pero aun en épocas y circunstancias difíciles, no deberíamos aceptar que nos derrumben la esperanza. Es mucho lo que podemos hacer; es mucho lo que podemos enseñar. Seguimos siendo libres para aceptar ciertos hechos inevitables, pero eligiendo una actitud ante algunos de ellos. La libertad también reside en esa actitud de resistencia que uno elige: es patrimonio innegociable de cada sujeto.

jueves, 15 de julio de 2010

Probablemente todos los lectores saben que los discursos presidenciales son escritos, por lo general, por especialistas en ese tema. Sin embargo, vale la pena tener en cuenta que es el presidente quien elige sus escritores y los contenidos de sus discursos. Por lo que no hay que restarle mérito a lo expresado por el Presidente Mujica.
Dijo José Mujica (Presidente de Uruguay):
Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.
Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo le queda el placer.
Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!
Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.
No porque sea elegante sino porque es placentero. Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.
¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers. En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos.
No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.
Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras.
Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos. Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques. Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.
Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento. En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada.
LA EDUCACION ES EL CAMINO
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación. Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.
Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.
Pero hay que hacerlo. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos. Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.
Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.
Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.
Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa. Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez. O como los que vieron el fuego por primera vez.
Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo. Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo. Es abrumador.
Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente. Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.
Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes. Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.
Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada. Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública. Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines.
Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.
Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica. Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación. No hay tarea más grande delante de nosotros.

miércoles, 7 de julio de 2010

Superar el 4 a 0

Mario Bunge suele ser muy discutido. Su rechazo al psicoanálisis, en un país que ostenta el record per capita, en cantidad de psicoanalistas y psicólogos no lo ha ayudado mucho. Por otra parte, es un fundamentalista de la ciencia. Aquellos que privilegian otros modelos de pensamiento también suelen oponérsele. Sin embargo, vale la pena recordar que, muchas veces, los méritos intelectuales de una persona pueden medirse por las resistencias que provoca; de manera que creo que vale la pena leer su artículo publicado en La Nación, comentando la derrota en fútbol, ante Alemania. No aumentará su popularidad, pero es una mirada interesante. Sobre todo para aquellos quienes- como yo- pensamos que jugar al fútbol, más cerca de la risa, la diversión y la camaradería es maravilloso. Pero como gran espectáculo deportivo, a la manera que se desarrolla en la Argentina, no solo fortalece nuestra tendencia a manifestarnos más como "hinchas" que como "ciudadanos", sino que suele hacernos creer que el fútbol nos da, cuando en nuestra realidad, en verdad nos quita más de lo que nos otorga. Mariano Giraldes

MONTREAL.
- ¿Escuchaste la mala noticia?
-¿Cuál de ellas?
-Que Alemania nos ganó 4 a 0 en el campeonato mundial.
-¿Campeonato de qué?
-De fútbol. ¿De qué otra cosa iba a ser? ¿De matemática? ¿De benevolencia?
-¿Cómo? ¿No éramos los mejores? ¿Qué pasó?
-Que lo pusieron a Maradona de entrenador.
-Pero ¿acaso Maradona no fue el mejor jugador de la historia?
-¿Quién dijo?
-Un experto: Fidel Castro.
-¿Qué sabe Fidel de fútbol? Los cubanos se destacan en béisbol, no en fútbol. Por algo Cuba fue semicolonia gringa durante medio siglo.
-No te vayas por las ramas. Explicame por qué culpás a Maradona del desastre.
-Te repito: él tendría que haber entrenado mejor a nuestro equipo.
-Pero ¿y si no sabía hacerlo? ¿Y si el culpable no fue Maradona sino el que lo nombró entrenador? ¿Desde cuándo el mejor entrenador es el mejor jugador?
-Me parece evidente.
-Evidente pero falso. Son dos oficios diferentes. El jugador patea, mientras que el entrenador enseña a patear, atajar, gambetear y pasar. Y enseña a hacerlo con elegancia y honestidad.
-Pero para poder hacerlo tiene que saber meter goles.
-Sí, pero eso no basta. Un equipo de fútbol es como una orquesta. En una orquesta, como en un equipo de fútbol, cada miembro tiene su especialidad, pero alguien tiene que coordinar las tareas individuales para que no resulte una cacofonía.
-Y la coordinación ¿no puede ser espontánea, como dicen los neoliberales del mercado?
-¡Qué va! ¿Todavía no aprendiste la lección de la crisis económica actual?
-¿Qué lección?
-Que toda organización necesita reglas y un organizador que las haga cumplir. Imaginate una familia sin patrona, un negocio sin gerente, una escuela sin director, un partido político sin dirigentes o un pueblo sin Estado.
-Y ¿por qué no está facultado Maradona para dirigir un equipo de fútbol?
-Porque Maradona nunca tuvo reputación de disciplinado ni tiene experiencia como organizador. Es una prima donna. ¿Te imaginás a la eximia pianista Martha Argerich dirigiendo una orquesta?
-¿Por qué no?
-Porque, como toda gran música, es individualista. Además, es muy temperamental. Al tocar se conmueve y conmueve a quienes la escuchan.
-Entonces no puede ser disciplinada.
-Tal vez no sea obediente, pero es muy disciplinada. Cuando la orquesta calla, Argerich suele apartarse un poco de la partitura. Pero lo hace con maestría incomparable y sin violar la reglas.
-O sea, en esos momentos se juega sola, igual que Pelé y Maradona.
-Si fuera obediente no sería tan grande.
-Pero es disciplinada e inspira disciplina. Espera que sus compañeros la sigan, cosa que hacen con todo gusto porque saben que ella sabe lo que hace. La admiran.
-Volvamos al director de equipo. No me negarás que el director de orquesta tiene que saber tocar al menos un instrumento.
-Sin duda. Pero no es un ejecutante y menos aún una prima donna caprichosa. Es alguien que se esfuerza por que triunfe la orquesta como un todo.
-O sea, según vos, Martha Argerich no podría dirigir una orquesta.
-No he dicho eso, pero lo que a ella le gusta y hace maravillosamente bien es interpretar las partituras que ama.
-La gran Martha sería algo así como la Maradona de la música. La mujer conmoción, como Maradona fue el hombre gol. Y ¿quién es su entrenador?
-Cualquier músico que sepa coordinar una orquesta sinfónica y que la comprenda y respete.
-¿Qué sabe un buen batuta que no sepa un buen pianista, violinista o flautista?
-El director tiene que conocer a fondo la partitura íntegra, no sólo las partes que deben ejecutar los distintos especialistas. Es un generalista, lo mismo que un buen dirigente de gran empresa o un buen primer mandatario de una gran nación. Tiene que decidir cuándo empieza y cuándo termina un instrumento. Además, tiene que detectar cuándo un músico toca una nota falsa y sentir cuándo la orquesta no suena como un todo, en cuyo caso ordena parar, corregir y recomenzar.
-Pero tu analogía entre el equipo de fútbol y la orquesta sinfónica es imperfecta, porque el entrenador no dirige el partido.
-Tenés razón. El jugador de fútbol tiene mucha más autonomía que el miembro de una orquesta. Pero por esto mismo tiene que ser tanto o más disciplinado.
-Bueno, bueno, pero volvamos al 4 a 0, que me tiene insomne. ¿Qué tenían los alemanes y les faltó a los nuestros?
-No puedo saberlo, porque no soy experto ni miré el partido, ni siquiera soy hincha. Pero, como cualquiera, tengo mi conjetura. Sospecho que los alemanes eran mucho más disciplinados que los nuestros. El equipo alemán debe haber actuado como una falange romana, o como una división Panzer.
-O sea, los jugadores alemanes actuaron como soldados.
-En efecto, ellos no toleran lo que a nosotros más nos gusta, que es el virtuosismo del gran artista de la pelota. Se proponen ganar, no maravillar. Son metegoles, no acróbatas. Para eso les pagan.
-Pero eso no es deporte.
-No. Pero tampoco es deporte lo que se hace en las canchas de River o de Boca.
-¡Estás loco! ¿Qué es eso según vos?
-Eso es espectáculo para divertir a la gilada y distraerla de los problemas importantes. Igual que los juegos de los gladiadores romanos, sólo que incruentos. Ya sabés la receta romana para mantener contentos a los pobres: pan y circo.
-Pero nosotros somos más piolas que los romanos, porque los jugadores y entrenadores ganan millonadas.
-En efecto, hoy el fútbol es un gran negocio además de una herramienta de control social.
-¡Andá! No me digas que cuando eras pibe jugabas por guita o para evitar que tus vecinos se interesaran por la política.
-No, claro que no. Los pibes del barrio, que jugábamos en un baldío donde armábamos un arco con un par de latas, éramos deportistas auténticos. No éramos gladiadores ni mercenarios. Jugábamos por amor al gran arte futbolístico. Dicho sea de paso, yo jugaba de arquero, y practicaba con mi profesor de alemán y con mi mamá.
-¿Nunca fuiste hincha de un club?
-No. Yo llevaba un distintivo de Boca Juniors, pero nunca fui a la cancha de Boca. Había que ser hincha de algún club, como había que fumar a escondidas: porque lo hacían los demás.
-En definitiva, jugabas a la pelota pero no le rendías culto.
-Ni yo ni mis amigos. Nuestro fútbol era puro y de primera mano.
-¿Tampoco escuchaban los partidos por radio ni leían las páginas deportivas de los diarios?
-Tampoco. Nos parecía tonto mirar jugar a otros cuando podíamos jugar nosotros. Tanto como ir a ver cómo comen otros cuando hay qué comer en casa.
-Comprendo, aunque no comparto tu idea acerca de la hinchada. Dejémonos de filosofías y vayamos al grano. ¿Qué hay que hacer, según vos, para levantar la humillación del 4 a 0?
-Lo primero es entender que no es una humillación nacional, sino una pérdida que sufrió la industria nacional del deporte profesional por ofrecer un artículo defectuoso.
¿Algo más?
Sí. También hay que entender que ser hincha de fútbol no es un oficio calificado, tal como el de tornero o maestro. Hay que convencerse de que es un entretenimiento trivial e improductivo, que roba tiempo al trabajo, a la familia y al entrenamiento del cerebro.
-Esto no lo vas a cambiar con sermones, porque analizar un partido es más fácil y placentero que analizar un contrato o un informe de empresa. El problema que enfrentamos hoy los argentinos es el que te dije antes: ¿cómo lavar el honor mancillado por la derrota 4 a 0?
-Ya te contesté: no es una derrota del pueblo argentino sino de una industria nacional. Para evitar otras derrotas, lo prudente sería abandonarlo definitivamente. El fútbol profesional no es productivo ni educativo. No contribuye a formar buenos padres, trabajadores ni ciudadanos.
-¿Y qué proponés para reemplazar la pasión nacional?
-Reemplazarla por una que sea creadora, no contemplativa.
-¿Por ejemplo?
-Diseñar artefactos, escribir novelas, demostrar teoremas, enseñar a leer, organizar empresas útiles, hacer trabajos voluntarios, militar en partidos políticos honestos, plantar árboles, cultivar flores y construir canchas de deportes auténticos, o sea, no comerciales.
-Pero eso es más difícil que mirar o discutir un partido.
-Justamente. Es lo que necesita el país: elegir la puerta estrecha, no la ancha. La gloria no se alcanza pateando pelotas sino trabajando duro y bien.
-¡Gol!
Mario Bunge para La Nación.
El autor es físico y filósofo; su último libro es Filosofía política. Solidaridad, cooperación y democracia integral

miércoles, 16 de junio de 2010

El ejercicio reduce el riesgo de que el cáncer vuelva

Es lo que revelan distintos estudios; nuevas guías alientan a los pacientes a estar activos

CHICAGO.- Mantenerse físicamente activo durante el tratamiento del cáncer y después de él no sólo ayuda a las personas que padecen o han padecido esa enfermedad a cuidar su salud cardiovascular y a mantener un peso saludable (beneficios que valen para todos aquellos que se ejercitan regularmente), sino que, además, reduce el riesgo de que reaparezca el tumor.
Los estudios realizados en pacientes con cáncer muestran que los que se mantienen activos son menos propensos a sufrir distintos tipos de tumores, como, por ejemplo, los de mama o de colon, y presentan, además, una mayor sobrevida al cáncer", dijo la doctora Jennifer A. Ligebel, investigadora del Instituto del Cáncer Dana Farber, de los Estados Unidos, que disertó sobre los beneficios de la actividad física en pacientes con cáncer en la 46» Reunión Anual de la Sociedad Norteamericana de Oncología Clínica (ASCO, según sus siglas en inglés), que se realiza aquí, en Chicago.
La lista de evidencias científicas que respaldan sus dichos ha crecido exponencialmente en los últimos años. El ya clásico Estudio de Salud de las Enfermeras, de la Universidad de Harvard, que desde 1976 monitorea la salud de 238.000 mujeres, halló que la práctica regular de actividad física en pacientes que habían sido tratadas por cáncer de mama redujo en un 50% la reaparición de la enfermedad.
"Eso se obtuvo tan sólo con 3 horas semanales de ejercicio, en comparación con mujeres que realizaban menos de 1 hora por semana", agregó Ligebel.
Resultados similares han sido obtenidos también en pacientes con cáncer de colon, según dijo Ligebel, en los que la práctica de actividad física redujo un 50% el riesgo de reaparición del cáncer así como también en una proporción similar el riesgo de muerte de causa cardiovascular.
"Mantenerse activo -agregó el doctor Kerry S. Courneya, de la Universidad de Alberta, Canadá- ha mostrado en todos los estudios clínicos que mejora distintos aspectos, como el estado cardiorrespiratorio de los pacientes, su fortaleza, su imagen corporal y su autoestima, al mismo tiempo que reduce la ansiedad y la depresión que suelen experimentar después del diagnóstico y del tratamiento."

Nuevas guías

El análisis de este sólido y consistente cuerpo de evidencia científica llevó a la formulación de nuevas guías para la prescripción de actividad física en personas que han tenido cáncer, por parte de un comité de expertos del Colegio Americano de Medicina del Deporte, de los Estados Unidos.
Las nuevas guías presentadas en el congreso de la ASCO recomienda que los pacientes practiquen los mismos 150 minutos de actividad aeróbica de intensidad moderada que se recomiendan en forma general para toda persona sana.
"Los pacientes con cáncer a los que se les ha dicho que descansen y eviten el ejercicio pueden y deben encontrar formas para mantenerse activos durante y después del tratamiento", afirmó la doctora Kathryn Schmitz, investigadora de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, que participó del desarrollo de las guías.
Estas revierten recomendaciones sobre los potenciales riesgos del ejercicio, como las que hasta ahora pesaban sobre las pacientes que padecían una dolorosa afección asociada al cáncer de mama llamada linfedema.
"Contamos en la actualidad con un deslumbrante cuerpo de evidencias de alta calidad que muestran que el ejercicio durante y después del tratamiento es seguro y beneficioso para estas pacientes, aun para aquellas que han sido sometidas a complejos procedimientos como el trasplante de células madre", dijo la doctora Schmitz, que aclaró que es importante consultar con el médico tratante cuál es el mejor ejercicio a practicar en cada caso en particular, y con qué intensidad y frecuencia.

EFECTOS BENEFICOS DEL TE VERDE

CHICAGO (De un enviado especial).- Un extracto de té verde ha demostrado tener cierta actividad terapéutica en pacientes con leucemia linfocítica crónica, según un estudio realizado por investigadores de la Clínica Mayo, cuyos resultados se presentaron en el encuentro anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica. Más precisamente, es el galato de epigalocatequina, uno de los principales componentes del té verde, el que ha demostrado reducir el número de células malignas. Aún así, los investigadores aclararon que es temprano para formular recomendaciones en torno a su uso terapéutico.

FUENTE: Diario La Nación - Sebastián A. Ríos

Pildoritas

Si al eclipse de los afectos entre los seres humanos lo llamamos, para fraseando a Nietsche, desierto emocional, el peligro consiste en que nos convirtamos en verdaderos habitantes de ese desierto y nos acostumbremos a vivir en él. Sólo de aquellos que consigan resistir el padecimiento de vivir bajo las condiciones que establece el desierto, podremos esperar que se armen del coraje suficiente como para construirse como sujetos actuantes.
MG

martes, 11 de mayo de 2010

Las ideas fuera de lugar

Hace años atrás, antes de la Segunda Guerra Mundial, se aceptaba que, en la Argentina, Italia influía fuertemente en la moda; Francia en la educación y Alemania en las fuerzas armadas. Más áspero es un dicho reciente, de cuya corrección no doy fe absoluta, que reza: Los argentinos son italianos que hablan en español, quieren vivir como los países nórdicos pero tienen una organización institucional de un país africano.
No es mi intención profundizar en esos aspectos, sino sólo señalar que, a lo largo de toda nuestra historia, hemos estado influenciados por ideas acuñadas en otras realidades. En el territorio de lo corporal, tales influencias han sido notables.

¿Qué suele sucedernos ante ellas?
Una parte importante de la estrategia que sigue todo aquel que conoce una idea, un método, una teoría proveniente de otro contexto, consiste en fascinarse o en mantener un gesto de rechazo de manera que pueda crearse un ellos y un nosotros. Los unos, entonces, se disponen a recibir como aldeanos deslumbrados y, los otros, afilan las garras. Suele escasear una saludable disposición crítica.
Las realidades de la existencia local suelen chocar con las realidades de los “países ejemplo”, en los cuales se busca un modelo de vida. La independencia, por ejemplo, se apoyó en instituciones e ideas liberales de inspiración europea y norteamericana al mismo tiempo que conservó muchas de las formas económicas y sociales de la colonia. Sucedió entonces que se aceptaron elementos condenados pero reales, del orden contemporáneo.
Puede hablarse entonces de una suerte de tortícolis cultural y al hacerlo, surgen preguntas interesantes. Una muy básica, por ejemplo: ¿cómo se puede escribir con una lengua que es una lengua heredada? Borges va a resolver la contradicción con una fórmula de inesperada originalidad.
Otros no tuvieron su talento y aparece una carencia de lo autóctono en muchos procesos culturales mezclados con el afán patético de ponerse a la altura de los mejores logros de Occidente.
Con la gimnasia ha sucedido lo mismo. Ya lo advirtió, hace mucho, Enrique Carlos Romero Brest cuando decía que en términos de gimnasia los argentinos somos más suecos que el rey de Suecia.
Tal característica se apreciaba claramente en la organización curricular de la materia Gimnasia, en el profesorado de Educación Física de San Fernando: durante años en primer año, se trataba la gimnasia sueca, en el segundo la calistenia y en el tercer año, la gimnasia danesa.
Nadie parecía preguntarse ¿Será posible evitar las ideas ajenas da manera menos absurda o enajenada? ¿O adaptarlas?
Hasta que apareció Alberto Dallo y comenzó a desarrollar, adaptar y dotar de gran originalidad los principios de la Gimnasia Moderna, reservados sólo a las mujeres, a los hombres. Se originó así un movimiento renovador que sacudió profundamente los cimientos de lo que se suponía que debía ser la formación en Gimnasia en los profesorados de Educación Física. Tal movimiento, continuado por algunos discípulos de Alberto, predominó en la Argentina entre fines de los cincuenta y fines de los ochenta. Coexistiendo con la cada vez más fuerte presencia de las interpretaciones deportivas de la Gimnasia, tales como la Artística y la Rítmica Deportiva.
Desde hace años y con ingreso restricto en los profesorados predominan en el mundo de las prácticas gimnásticas, ideas hegemónicas, de clara ascendencia norteamericana, cuya inadecuación es evidente, pero gozan de buena salud aun cuando el ideario neoliberal, que conoció un triunfo avasallador en los 80-90, parece en franca retirada.
En mi opinión podemos construir caminos históricos particularizados. Podemos tener en cuenta las teorías centrales y los contextos periféricos, pero pensando la realidad local y regional. Los actuales parecen tiempos propicios para tales revisiones.
Finalmente, si pensamos en un habitat tan tradicional de los profesores de Educación Física como la escuela, es función de ella proponer un lugar de resistencia ante los dispositivos paralizantes del poder y del mercado.

MG